Se necesitan “lideresas” mujeres. Carmen Heras.

Desde mi ventana
Carmen Heras

No creo que obedezca a la casualidad que en una serie tan elaborada como HOMELAND, los dos personajes femeninos de mayor relieve: la Presidenta de EEUU de América y una alto cargo de la CÍA, ambas preparadas, brillantes, valientes y eficaces en un mundo de hombres, acaben, la primera dimitiendo de su cargo, después de un ataque brutal hacia su persona, desde dentro y desde fuera, y la segunda en un Hospital psiquiátrico, ambas anuladas, ambas fuera de combate. Hay un mensaje implícito en esta terminación. “¡Cuidado! (parece decir), se os permite llegar hasta cierto punto, solo eso, si os atrevéis a traspasarlo, sucede algo como esto”.

El esquema se repite en otras series, por ejemplo en la británica BODYGUARDS, también de amplio éxito. En ella la Secretaria de Interior es asesinada en un ¿atentado terrorista? durante la conferencia de prensa en la que está a punto de anunciar su candidatura al puesto de primer ministro de su país. Y la pregunta es: ¿Las series son una síntesis de lo real o pura premonición?

Me pregunto cómo no lo ven los múltiples movimientos de mujeres que dicen defender la competencia del género femenino, de igual a igual, en el mundo en el que vivimos. Entre una parte del sector femenino crece, cada vez más, la sensación de que mientras algunas discuten sobre cuestiones de identidad sexual u otras determinadas por ella, el resto de humanos sigue priorizando, rutinariamente, el interés de que el género femenino siga condicionado, por biología y educación, a sobresalir sólo en aspectos asistenciales de la sociedad y no tanto en los asociados a un verdadero liderazgo social, ese que toma las decisiones de importancia. Aquellas que de verdad lo tienen siguen siendo minoritarias. La anécdota que les cuento es real: en una organización, conocida por su defensa a ultranza de la paridad, el principio no se cumple en los órganos de dirección de una de las federaciones, justamente por lo contrario: hay muchas más mujeres que hombres. Interpelado el jefe máximo por dicha “anormalidad”, sonríe indulgente: “los hombres son minoría en esta profesión asistencial, désele representación a las chicas. No hay problema: los puestos clave en las negociaciones con la administración están ocupados por hombres”. Valga una cosa por la otra: representación, si, negociación, no tanto.

El ser humano es lo suficientemente listo para buscar excepciones a la regla y hacer cómo que acepta unas leyes generales, si luego tiene en sus manos la confección de los reglamentos específicos. Ya lo explicó el clásico. Sabemos, además, convencernos a nosotros mismos de algunas cosas, obviando el resto. Mientras los movimientos de mujeres sigan enredados en algunas discusiones, sobresaliendo únicamente en las vertientes asistenciales y no en un claro liderazgo dentro de la sociedad nos seguirán ganando en el partido. A fin de cuentas ya lo anunció hace algún tiempo un de tantos líderes históricos: “algo tendréis que demostrar alguna vez, ¿o pensáis que vamos a estar regalándoos vuestras cotas por el mero hecho de ser mujeres?”. Me lo repito cuando observo a una mujer “estando” y no “siendo”. Ser líder implica discurso y fuerza. Y convicción.

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