Desde mi ventana
Carmen Heras

Me pregunto si algunas autonomías están condenadas a dejarse llevar por lo que se haga en otras. Como cuando aún no existían, administrativa e institucionalmente, y todos mirábamos hacia la referencia de Madrid, que al cabo era quien lideraba cualquier reivindicación o reforma. Vivimos en una completa contradicción. Por un lado reclamamos un fijarse y tener en cuenta lo cercano y concreto, en espacios cortos y actuales, muy específicos. Y por otro, nos enmarcamos en un planteamiento global de deslocalización de intereses, mensajes y objetivos. Si la unión hace la fuerza resulta imposible tenerla cuando subdividimos (o nos obligan a hacerlo) hasta extremos inimaginables, los recursos que pueden ejercerla. Algo así como sucede en la Universidad, en las categorías del profesorado; existen tantas que es imposible, a priori, una petición fuerte de derechos de docentes e investigadores. Lo que invalida, antes de empezar, cualquier reclamación genérica con futuro. Aunque ¡cuidado!, la defensa de “lo de todos” debe combinarse con la defensa de lo específico, ¡faltaría más!.

Escribe Carlos Sánchez en El Confidencial que es preciso un cambio en nuestro modelo de producción que pivote sobre un sistema educativo más eficiente que el de ahora, sabiendo que éste no puede perfeccionarse mientras no pasen varias generaciones, y haya un adecuado clima de entendimiento en el mundo político e institucional. Añade que será necesario incentivar verdaderamente la innovación, creando un ecosistema propicio al crecimiento del número de emprendedores y del tamaño de las empresas, tal que les permita invertir en dicha innovación y en formación (ambas van de la mano) para sus empleados.

Pero, por el contrario, rebajamos los controles de calidad y las exigencias; permitimos que las opiniones subjetivas de algunos agentes del proceso primen sobremanera sobre otras; argumentamos que cada disciplina ha de tener un rasero común y pragmático para no alborotar el “gallinero”; uniformizamos los fines. En fin…todos graduados en carreras de cuatro años y un 80% al paro u a oficios que nada tienen que ver con los estudios hechos…Frustración.

En las localidades pequeñas debemos pensar en todo ello, en momentos en los que el virus no tiene tan confusos. Ya hemos explorado lo suficiente las condiciones de organización autonómica y provincial como para saber que la proximidad no siempre es garantía de eficacia si los trámites burocráticos siguen siendo inmensos, recargados e inviolables. Si la formación continua de los trabajadores no es obligada, si no modernizamos la administración. Si no imponemos la austeridad y la eficiencia como distintivos de las personas, instituciones y empresas. Si no aprovechamos la posición estratégica, cualesquiera que se tenga, en la búsqueda de posibilidades, en vez de dejarnos guiar por viejas consignas o estrabismos. Sería preciso un nuevo liderazgo para la política municipal. Los habitantes de las ciudades deben saber que éstas han de ser sostenibles para ser vivibles y por ello protagonistas de cualquier evolución más genérica que parta de las necesidades más concretas del ciudadano. De lo local a lo general, ¿podría ser?

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