Y su nombre era Kevin

Desde mi ventana
Carmen Heras

Hacen bien los que creen en sus líderes, al defenderlos en cuanta ocasión se les presente, ya sea ésta más o menos sublime o prosaica. Pero, amigos, tengan cuidado porque a los considerados “peones de brega” se les usa y se les desecha con idéntica tranquilidad por parte de quienes se ven como intocables, o creen que ofreciendo algún sacrificio a los dioses de este mundo pueden permanecer en sus atribuciones y privilegios. Reconozcámolo, el mensaje manda mucho en quienes se sienten mejor siendo mandados y aleccionados. Como las palabras, más o menos redichas, de quienes lo difunden.

Hay una película infantil, que ya he visto unas cuantas veces (ventaja de tener un nieto de dos años al que le chifla) que trata de cómo los minions (unos dibujos animados, de color amarillo y con vida propia) siempre buscan la referencia de un poderoso jefe, villano incluso, porque sin él, no saben vivir, ni conducirse. Cuando lo tienen lo sirven, como buenos súbditos, aunque siempre (por impericia o porque el subconsciente es sabio) terminen por quitárselo (de una forma u otra) de encima, para luego buscarse otro, que a su vez -inevitablemente- fulminarán, ayudados por la propia torpeza del susodicho. Y cuenta la historia (tipificada como infantil) que así llevan millones y millones de años, desde que el mundo es mundo, una y otra vez, jefe tras jefe, sin descanso. Está en su naturaleza. La de los minions. Muchos y muy similares, ¿las masas?

Hasta que un día, desaparecidos todos los afamados líderes de la tierra, el grupo de los minions no tienen a quien servir. Decidirán entonces permanecer unidos en el interior de una cueva. Sólo ellos. Transformados en una nueva civilización, carente de objetivos, amorfa y débil, sin ilusiones ni jefes. Que, más o menos, dormita continuamente, porque perdido su objetivo básico, no sabe cómo desenvolver su vida y su libertad.

Y pasa tiempo y tiempo… hasta que un buen día uno de los minions de nombre Kevin pide permiso a la tribu para salir al mundo exterior y volver a intentarlo. Buscará de nuevo a un líder a quien servir, aunque sea el mayor villano que se recuerde. Irá con otros dos compañeros y algo aparecerá. Kevin es un héroe y así es despedido cuando sale de la cueva y se adentra en el espacio exterior.

Ni que decir tiene que la película muestra las múltiples correrías de nuestros chicos. Sin importarles prendas, sin aflicción. Convencidos de lo importante de su trabajo. Detrás de puros villanos para que sean sus jefes. Y seguirles. A cada uno que eligen le sigue otro y a éste, un siguiente. Al final, el villano hasta es un niño como ellos, pero es al que siguen porque ademas tiene sus gustos…

Queridos lectores que habéis llegado hasta aquí, a veces las fábulas esconden verdaderos secretos reales. Nos muestran la realidad. En este cálido agosto, en el que media España está de vacaciones, y todo parece desenvolverse dentro de un cuento para niños. Hasta los dimes y diretes de unos pocos. Con jefe, claro.

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