Las denuncias. Carmen Heras
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Desde mi ventana
Carmen Heras

Luís Mateo Díez, Premio Nacional de las Letras en 2020, sostiene que “la posmodernidad es una gran rebaja” porque “con el concepto de posmodernidad se han hecho evaluaciones culturales, ético-estéticas de alto copete, con las que nos han intentado vender algo que no tenía mucho interés y que era de medio pelo”, pues resulta que la posmodernidad “tiene más reparaciones que recambios”.

No parece, en particular, culpa de nadie. O quizá de todos, que para el caso es lo mismo.La culpabilidad. El signo en unos tiempos difíciles y decadentes. Con la pandemia, mucho más agudizados. En la radio, junto a otras noticias, narran como un día cualquiera, un hombre cualquiera, residente en Alicante, al observar, a través de las redes, el vídeo de un joven (alejado de él muchos kilómetros) divirtiéndose sin mascarilla en un espacio público, lo denuncia. Personado un miembro de las fuerzas de seguridad locales en la casa del susodicho, le imponen una multa de no te menees. Para que se entere. Se ha cumplido el principio universal de los defensores de la ortodoxia, inquisidores todos de las conductas ajenas (y no tanto de las propias), haciendo a placer y por encima de otras consideraciones, lo que en el fondo más parece gustarles: reñir a los demás. Pues, a su juicio, se lo merecen.

Siempre me he preguntado por los motivos internos de aquellas personas que tienen la necesidad de denunciar a sus semejantes. Y las razones de quienes en una sociedad dotada de otros recursos para contrarrestar las acciones incívicas, entienden la denuncia de unos contra otros como un signo de madurez en nuestros días. ¡Cuidado! Se empieza denunciando a quien no lleva puesto el tapabocas, se continúa con la tuna que canta bajo nuestro balcón y no nos deja dormir y a poco que la gente se aplique, puede terminarse incriminando al vecino mal encarado en tiempos de guerra. Porque sin duda existen los individuos cuyo modo de acción tiene que ver más con atrofias afectivas o impulsos desordenados de la propia personalidad, que con el deseo altruista y objetivo de un bien común.

Un informe realizado por la agrupación de Automovilistas Europeos Asociados afirma que la mayoría de las multas puestas por la DGT, debidas a un aumento de velocidad, podrían ser anuladas, si los denunciados acudieran a los Tribunales, al no adecuarse a los criterios seguidos por éstos en las últimas sentencias dictadas. El informe indica que el 49% de las multas impuestas se deshacen en las sentencias de los magistrados porque “no se está aplicando correctamente el margen de error de los radares». Incluso algunos jueces han obligado a la DGT a pagar las costas de los procesos. Por imprudentes. Desde el 2001 hasta el 2019, siempre según los cálculos del informe, se han hecho 70 millones de denuncias, lo que ha producido una recaudación de 6.500 millones de euros para la Dirección General de Tráfico. El método más seguido por los conductores es liquidar la multa por el procedimiento del pronto pago que reduce en un 50% la cantidad a pagar.

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