Íñigo Errejón. Clorinda Powers

Mi ojito derecho
Clorinda Powers

Ayer, al salir del trabajo, me di una vuelta por las rebajas y me compré unos pantalones en Adolfo Domínguez. De vuelta a casa, pensaba en lo mucho que me identifico comprando en Adolfo y en lo poco que lo hago comprando en Zara. Aunque eso signifique revisar percheros con señoras que me sacan dos décadas en vez de hacer cola para el probador con las hijas de aquellas. Tengo 36 años y llevo la mitad de la cabeza rapada al uno, en la otra media me cuelga la melena hasta los hombros. No juzguen ustedes, que se confunden.

Esta mañana, mientras desayunaba, me contaba Aimar Bretos que Íñigo Errejón se prepara para presentarse a unas futuras generales junto a EQUO (en las autonómicas lo hizo con Más Madrid). Y yo, que me he cruzado por Madrid más de una vez con Íñigo y ninguna con Pablo Iglesias, ni con Carmen Calvo (I’m a feminist) y mucho menos con Pedro Sánchez, me reconozco muy cómoda cuando coincido en una tasca con Íñigo, pero creo que también lo estaría revisando percheros con Carmen.

La realidad es que mi pasado, mi presente y mi futuro, y no solo el de mi economía, se parecen mucho más al de Íñigo Errejón que al de Carmen Calvo. Y es un alivio pensar que en el armario de Errejón debe haber algún pantalón de Adolfo Domínguez. El tío, al menos, tiene percha para ello. Que yo le he visto porque me lo he cruzado.

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