Curioso optimismo. Clorinda Powers.

Mi ojito derecho
Clorinda Powers

Hace unos días recibí un whatsapp de una periodista de El País que me había entrevistado en 2010. En su mensaje me preguntaba si participaría en un nuevo reportaje en el que estaba trabajando. Quería narrar a los lectores qué había sido de mí, y de otros tantos, una década después.

En 2010 yo tenía 27 años, una carrera, un máster y dos idiomas además del mío. Había hecho prácticas durante un par de años en varias empresas, unas grandes y otras pequeñas. Había vivido en el extranjero, trabajado con las manos, conocido a gente de muchas clases y de todas partes, aprendido a cuidarme sola, a salir adelante y a no depender de mis padres. “Todo iba a salir bien”.

La crisis de 2008 me había golpeado de lleno

Pero en 2010 aquella idea se había esfumado. La crisis de 2008 me había golpeado de lleno y no solo no tenía trabajo sino que para entonces el miedo de no encontrarlo se había convertido en una bofetada.

Desde que mis palabras y las de otros aparecieron en la prensa en 2010, pasó más de un año hasta que conseguí un trabajo. Como no podía ser de otra manera en aquel tiempo, nos explotaron y nos malpagaron. En estos 10 años solo he tenido un buen trabajo que, por suerte, hoy mantengo. Y he aprendido lo que significa el feminismo. He votado en todas las elecciones. He hecho huelga el 8 de marzo. He pasado por unas cuantas depresiones. Tengo algunos ahorros. Pareja, sí, pero sin hijos ni hipoteca. A veces me pongo tonta y me creo libre, pero la mayoría del tiempo sé que mi libertad está comprometida.

Y aún así, sigo siendo optimista.

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