Carmen Heras. Héroes Anónimos

Desde mi ventana
Carmen Heras

Amigos lectores, hago aquí una pregunta sabiendo de antemano vuestra contestación, ¿qué es más digno, qué es mejor, ser respetado o ser querido, tener poder de influencia o poder real?.

Amigos, sé que la pregunta es puramente retórica, al fin y al cabo ya lo dejó escrito el sagaz Maquiavelo cuando (según dicen) intentaba describir los rasgos del “buen príncipe”, tan parecidos a los de Fernando el Católico. Si hasta Julio Anguila tuvo la ocasión de comprobar la respuesta idónea en sus momentos de vida política activa, pues la aceptación que le daban las encuestas nunca se transformaba en un número de votos suficientes para conseguir implantar sus argumentos y su partido en el territorio nacional. La vida, que es muy cruda…

Mi padre, huérfano de padre desde los 14 años, aprovechaba todo el tiempo libre del que dispusiese (que no sería mucho) para leer cuánto texto escrito llegaba a sus manos. Tuvo de tutor a un tío suyo, muy inteligente, al que reverenciaba. Mi madre, mucho más perspicaz o más sobria, siempre le dijo cada vez que le oía deshacerse en elogios hacia él: “Si, si, muy inteligente, pero no fue capaz de gobernar su casa y su hacienda”; como si hacerlo (añado yo) fuera tarea fácil, como si cada uno tuviéramos en nuestras manos las llaves de todas las decisiones, sentimientos, objetivos y expectativas de cada miembro de una familia, para formatearla según nuestra creencia y leal entender.

Es bastante improbable que los españoles ahorren y no “dilapiden” en hipoteca, coche y algún que otro menester

Mi amigo el filósofo dice que faltan en las ciudades mejores ideas aglutinadoras del sentir general y mi amigo el decano me lo confirma, al defender que siempre son necesarios proyectos colectivos en los que los humanos de un determinado sitio nos sintamos representados y concernidos desde nuestro yo y nuestra propia existencia.

Mi amiga la fuerte lucha por sobrevivir sin un mal rictus en la boca, salvo en su casa, cuando, a la hora de la cena, recapitula sobre la jornada. Ella pelea todo el día por lo grande y lo chico (que son asuntos intercambiables ) y logra dar la imagen de que puede con todo. Como los españoles a los que el Banco de España aconseja ahorrar, no se sabe muy bien con qué, pues el gasto de luz y el agua cae todos los meses, igual que el pan, el gas y la alimentación de los hijos, sobre sueldos que apenas sobrepasan los 1000€.

Pónganse de acuerdo, señores de las maravillosas cifras económicas, ¿no decían que subir los salarios era nocivo para el interés general del país? Pues sin subida de salarios y sin posibilidad de adquisición módica de una vivienda, es bastante improbable que los españoles ahorren y no “dilapiden” en hipoteca, coche y algún que otro menester que se busquen para no se sentirse tan, tan, esclavos rutinarios, galeotes a los remos de barcos grandes y lejanas multinacionales.


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