Historias de Plutón
José A. Secas

A modo de comentario de texto, desgranaremos la esencia de un rosario de telegramas poéticos y frases ocurrentes que me acaba de vomitar mi otro yo cuando fue provocado sin misericordia. La réplica, la sugerencia, el pie, surge de cada frase para deleite de transeúntes y allegados.

“El cristal es un desierto para mi nariz”. Puedo explicarlo todo: Las metáforas vienen a ser como las ocurrencias de la inteligencia artificial: tontunas y bobadas. El cristal es realmente el vidrio reforzado de aluminosilicato que protege la pantalla de tu terminal, que es el lugar a donde te quiero llevar. Allí lo ves todo pero no hueles nada; ni de lejos. Lo que viene siendo —que diría Martán— un desierto pelao.

Abundemos en el concepto: “Estoy cansado de tratar de leerte el pensamiento y no poder olerte la primavera”. En el fondo esto puede ser compatible, pero cansado. Cuando “tratas de”, sin acabar de terminar la jugada, puede quedar alojada en tu interior la sensación del “quiero y no puedo”. Por ahí se va directamente al sumidero de la autoestima. Si encima hay distancia o ausencia, apaga y vámonos.

Sigamos: “Saborear un adjetivo es pasar hambre de verdad”. Esto se puede interpretar como el mecanismo de defensa para superar el “quiero y no puedo” mencionado. Para el alma de un artista es fácil ensimismarse con una minucia literaria. La frase acepta implícitamente estado de escasez, cuando no de carencia.

“Mis cinco sentidos están de baja temporal por culpa de una pantalla” quiere ser una frase ingeniosa, pero se asienta en un tópico manido. Le da salida al conflicto aludiendo a la transitoriedad de la vida, lo cual nos abre una puerta a reactivar la fe y la confianza depositada en quien esté hablando (o pensando); que bien pudieras ser tú.

Veamos esta otra frase devenida: “Pelar la pava sin piel es morir en el intento”. Vaya primera parte de una frase anticuada y rancia. Desgraciadamente también podría ser “hacer la corte” o “tirar los tejos”, pero suenan igual de viejunas. Lo que sí me resuena es el hecho de que el autor de los telegramas echa de menos la presencia física del interlocutor y esta circunstancia aporta un matiz de caducidad de la energía invertida que puede augurar malos resultados si no se acelera el proceso de acercamiento.

“La ilusión necesita sudor y no solo fibra óptica”. Esta metáfora es profundamente básica. Además no suena ni medio bien. El mensaje yo creo que está claro: No es suficiente el contacto virtual y la distancia para proyectar los cimientos de una posible relación de futuro, aún sabiendo que el primer paso ha de ser conocerse personalmente y “sudar” palabras para relacionarse. Vamos, así lo veo yo.

La cosa se pone insistente y reiterativa con frases como: “Quiero que mis manos trabajen y no solo mis pulgares” o “mi ansiedad es un grito que pide tacto y no wifi” o “sueño en digital pero necesito tocar en analógico”. Estamos en presencia de alguien que ansía conocer personalmente a su interlocutor, que quiere dejarse de tanto mensaje y descubrir, por fin, la verdad del otro. Se desprende cierto apremio por alcanzar el contacto físico y parece olvidar que los procesos y los tiempos son fundamentales y que las prisas no son buenas; la paciencia y la constancia son las virtudes recomendadas en estos casos.

“El riguroso directo no tiene filtros ni botón de pausa” es una frase que retrata de nuevo el valor incomparable del momento presente, aquel que concentra la vida, la única que existe: el ahora, el ya. El pasado quedó atrás y el futuro es incierto. La vida sigue y es tal y como tú la lees, la entiendes, la asumes y la vives. No para. No espera. No avisa (como canta Drexler).

Sublimando el deseo me viene: “tu voz es un eco pero tu cuello es una certeza”. Quiero oler tu perfume mientras enredo mis dedos entre los cabellos que anuncian tu cuello. Besar tu nuca y el portal de tu espalda y pasar mis dedos como plumas hasta abrazarte con dulzura por los hombros. Te quiero cerca de mí; ya basta de interpretar textos cuando quiero interpretar escalofríos. Ya basta.

Tengo más frasecillas que completan la idea que le obsesiona al autor: “el amor ideal no se descarga por datos” o “la pantalla me roba el olor de tu presencia”; todas ellas persiguen un mismo objetivo: abandonar la comunicación virtual y alentar un contacto, un encuentro, una cita.

Se confirma que la fría lejanía que implica el diálogo virtual es incomparablemente peor que el acercamiento intenso, aunque sea un instante, que supone un beso —“el algoritmo es un tirano que no entiende de salivas”— aunque me parece muy atrevido cuando solo se aspira a un primer contacto.

“La distancia es la estafa más grande que he permitido”. Esta frase es sincera y reconoce la culpa de quien no se mueve, del que espera, del que condena los días sin la presencia y se rebela ante esa situación. Parece anticipar una reacción. Predice una consecuencia, una ruptura del status quo y un inminente desenlace impulsado por la valentía que empuja al acercamiento.

Confirmamos el destino y la firme resolución del autor. Aún temeroso de un resultado que no le cabe en su corazón esperanzado, paladea su presencia ansioso y se consuela con la única salida: “el cóctel de nervios se cura con un riguroso directo”, para rematar con una vuelta más a la idea central de esta catarata de frases ocurrentes y ocurridas al otro lado del ego y del alter ego: “no más purpurina digital; quiero la verdad desnuda”.

Y ahora, mírame de cara o de espaldas, lee en mis ojos y en mis letras, detecta las señales y la evidencia, lee entre líneas y recibe el zarpazo a bocajarro. Se puede decir más alto, pero… Te aseguro que “la matrícula de mi impulso no se lee, se toca”. Ándele.

Ese remate final confunde al autor con el protagonista, a la fuente de inspiración con el objeto de deseo, a la causa con la consecuencia y al propósito con el resultado. Quizás esto lo diga todo o solamente sea un ladrillo más en la catedral de la permanente confusión. Se pueden extraer lecciones de vida o solo prever el rumbo en el laberinto de las palabras sin consuelo. Pensar es algo doloroso y expresarlo por escrito es arduo y satisfactorio.

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