Cayetana Álvarez de Toledo

Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

“Esa canalla que ocupa las calles, mujerzuelas y labriegos harapientos que toman las urnas”… Las expresiones de desprecio de los señoritos de cortijo, de los aristócratas y burgueses que habían dominado la política durante más de un siglo en este país – con sus pronunciamientos militares, sus ministros nombrados en la alcoba de la Reina y sus corruptelas propias de aquel capitalismo de amigotes que había dominado la historia económica española del siglo XIX (y el XX y aún el XXI) – esas descalificaciones hacia la gente humilde, decía, estuvieron en boca casi diaria entre aquellos que habían dominado la vida política en España y veían en el sufragio universal la pérdida de parte de su poder. Tras 1931, el espanto fue casi diario.

Se llama desprecio de clase. La aristocracia y burguesía española lo manifestaban siempre hacia la gente trabajadora. Se creían dueños de la política y no soportaban que otros, la canalla, les usurpasen su lugar natural en el ejercicio del poder político.

Ese desprecio aristocrático de clase se ha puesto en vigor en los discursos y posturas enarboladas por Cayetana Álvarez de Toledo, marquesa y señora bien. Tras su impostado acento de madrileña del barrio de Salamanca, ese ecosistema particular donde pulula el homo-pijus, sobre todo hay aristocrático desprecio de clase. ¿Quiénes son esa canalla que le afean sus intervenciones?

Hace poco realizaba una propuesta ridícula e imposible sobre las ayudas públicas a los fetos y, cuando muy juiciosamente un periodista le preguntaba si la familia del feto debía devolver las ayudas si el embarazo terminaba en un aborto natural (porque, queridos amigos, los representantes de dios en la tierra estarán en contra del aborto, pero su dios, por lo que se ve, no, dado que no tiene inconveniente en provocarlos “de manera natural”) reaccionó indignada: “¿pero es qué voy a tener que someterme al escrutiño popular cada vez que haga una propuesta?”… “Canallas” le faltó decir, aunque no duden que lo pensó.

Someterse al escrutiño popular. ¡Pues claro! ¡Evidentemente! Querer ser representante de todos los españoles implica que sí, que uno debe someterse al debate, que debe responder ante la ciudadanía por sus propuestas, que debe demostrar solvencia, y que el votante tiene derecho a conocer el alcance y los límites de los programas políticos. Es la esencia de la Democracia: proponer, explicar y someterse al debate.

“Señoras bien” es el título de una canción de Las Bistecs. No la escribieron expresamente para Álvarez de Toledo, pero le cuadra perfectamente. “Señoras bien, señoras fetén, pepera atropellada, viejas glorias pasadas, viven en un mundo de risas enlatadas ha haha ha ha ha ha ha ha ha”… Pues eso. Vuelven las señoras y los señoros bien. De Cayetana a Casado y sus risas enlatadas.

 


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