Los símbolos importan. Exhumación de Franco. Memoria histórica en Cáceres.

Descorchasen champán o se cubriesen con la bandera del águila, la semana pasada pasará a la historia por la exhumación de Franco. Casualidad en los plazos o no, lo cierto es que a la polémica del asunto se ha sumado el agravante de las inminentes elecciones generales. La cobertura mediática ha sido global. No por el acto en sí, sino por el simbolismo de lo que representaba. Retirar los honores a quien gobernó España con mano de hierro durante 36 años, desde el término de la guerra civil hasta su muerte en 1975. Lo que ocurrió el pasado jueves 24 de octubre no repara los crímenes que se cometieron bajo su mandato o el cercenamiento de la libertad de expresión, recompone el presente para poder empezar a cerrar heridas. No puede haber reconciliación si no hay justicia, y no podemos olvidar que la exhumación de Francisco Franco responde al cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. No es el único paso que hay que dar en este sentido, pero sí el primero de esta magnitud para devolverle la dignidad a las víctimas de la dictadura.

En las guerras importan los símbolos, y mucho. Por eso los vencidos tratan de plantar su bandera para escribir la historia. El propio Franco destinó ingentes recursos a construir el Valle de los Caídos para presentar a los nacionales como los héroes del país. No es el único caso. Hay vestigios de entonces en casi todas las ciudades de este país. Es difícil comprender bajo el prisma de nuestro presente cómo se construyó el relato del pasado. El dolor solo se tapaba entonces con honor, aunque fuera falso y llegase en forma de inmerecidos homenajes. Ocurrió en todas las guerras, de cualquiera de las formas. El que queda en pie es el que esculpe las estatuas.

Es cierto que no es uno de los problemas que más preocupan a los españoles en estos momentos, a las puertas de otras elecciones. Tampoco es menos verdad que se ha hecho porque debía hacerse. Porque la democracia tiene la obligación de tender puentes y generar condiciones para la convivencia. Porque era mayor el daño que se causaba dejándolo enterrado que cambiando de lugar un féretro.

En Cáceres el debate acabará llegando porque seguimos teniendo muchos restos del franquismo. Quizás el más notorio sea la Cruz de los Caídos en el centro de la ciudad, que rinde homenaje a los muertos de una parte durante la Guerra Civil. Habrá que decidir si la trasladamos al cementerio —como se hiciese en otras ciudades— o cambiamos simplemente la inscripción para que recuerde a todas las víctimas de la guerra. La paz solo puede llegar de manos de la justicia. Por eso es tan importante que los símbolos no sean heridas rezumantes de odio, por eso es tan importante que pensemos más en los vivos y menos en los muertos.

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