Adonay Kustanilló. Las crónicas de Cora

Las crónicas de Cora
Cora Ibáñez

Adonay Kustanilló

Adonay Kustanilló no es una artista cualquiera. Atesora reflejos inmensos que va plasmando a medida que su imaginación aflora entre sus manos.

Su creatividad no tiene límites, porque, creedme y sé bien de lo que estoy hablando, no piensa en otra cosa la gran mayoría del tiempo.

Esta colección, colgada en las paredes de La Conce gastro-tasca es, si cabe, una forma de demostrarse a sí mismo, todo el alcance que puede exponer con unos trazos coloridos, trabajados de modo seguro y firme, dotando a su gesto de esa impresión artística que solo él sabe conceder al destello de su pensamiento y plasmarlo en una obra.

Su obra es una pregunta hacia dentro

Cuando crea en la soledad de su estudio, se transforma en luz, en color, en sentido… como queriendo andar contracorriente, enseñándonos sus pies de mil formas. Buscando la gama más cercana al significado primero del impacto visual dentro de su cromática intrínseca.

Es el camino a recorrer, el que doblega el sentido que nos muestra en sus obras, y que nos llega como si de un sendero se tratara a la búsqueda de la belleza, de la verdad. Pero esa que nace en su interior y se gana el descanso responsable de saber vivir en toda su plenitud.

El alcance de querer hacernos sabedores de parte de su vida peculiar. Sus anhelos y frustraciones, sus desvaríos diversos, la voz que le palpita por la mañana con las primeras luces, o la resaca profesional del bullicio de su mente puesta al servicio de su pincel.

Por eso, su obra es una pregunta hacia dentro, introspectiva. Una consulta realista en un mundo sobrecogedoramente interno: el suyo propio, el del artista.


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