StigmA. Paul Eme. Cora Ibáñez

Entro de lleno en el mundo oculto de Paul Eme y navego por sus murales coloristas, dentro de la exposición que podemos ver hasta el 31 de julio en la Sala BelleArtes de Cáceres.

Descubro con sorpresa cómo este joven artista abarca desmesuradamente esos fondos con peso, contundentes, lúgubres a veces, con una esencia en la que cuestiona la vida con una paleta colmada de todo tipo de elementos con los que recicla continuamente su obra.

En StigmA, percibo la naturaleza ecléctica y versátil, en la que prevalece su latente espíritu innovador con deseos continuos de evolucionar, de transgredir.

Me diluyo con sus manchas de tinta para sentir, en mi interior, toda la fuerza con la que es capaz de expresar en una continua libertad de movimientos.

Traspaso el pensamiento hacia el extracto en el que sus sombríos apuntes forman parte de la degradación de tonalidades y figuras.

Retengo destellos de energía, para fundirme con sus lienzos donde baraja las musas ilusorias con otros genios que motivan su imaginación, llenan de colores su rebeldía y rompen la visión de las imágenes cargadas con la materia de la primera de sus ideas, en las que combina los matices pardos, con la gama de azules y amarillos convirtiendo en distintos verdes una paleta en la que predomina aquella inherencia básica con la que impregna su pintura y la traduce a historias internas.

Me envuelvo en su obra para emerger con el rocío de los pigmentos de sus tinturas y me adentro en el entresijo de sus vivencias más profundas que se difuminan con las mías.

Evoco los sentimientos cuando extiende el cuerpo hacia el cuadro y me introduce en la fuerza de su mente y su voluntad, para dejarme esbozar vagamente su mundo.

Viajo a través de la genialidad de su obra mimetizándome con la inmensidad de su talento, abarcando el StigmA propio de su esencia.

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