Escuela de palabras. Escuela de Palabras

Las crónicas de Cora
Cora Ibáñez

Nunca pude prever el alcance que una labor, integrada en un trabajo cotidiano, podría llegar a tener.

Entiendo como tal el orgullo interior de saber que, humildemente, he cumplido los objetivos que me propuse hace unos meses.

La satisfacción es de tal magnitud que las palabras se me quedan cortas y no explican fehacientemente lo que mi corazón me dice.

Pero lo maravilloso es conocer personas con inquietudes, sueños, recuerdos, tristezas, alegrías e imaginación a flor de piel, que están dispuestas a dar un paso adelante conjugando el arte y la literatura a modo de broche luminoso prendido en el día a día y que a veces, por motivos infundados, se niegan a brillar con luz propia.

Ese es el mensaje: fomentar el camino a la fantasía, al relato cotidiano, a los poemas… en personas que tal vez los tuvieran retenidos en algún oscuro rincón de su mente y esparcir ese aire fresco y renovado para que vuele en pos de una ilusión que se adhiere inevitablemente a nuestra piel pero que, en muchos casos, forma parte del olvido.

La creatividad es una característica innata a los seres humanos. En nosotros está acotar o no las posibilidades de difundir partes de nuestro ser y regalarle al mundo las palabras dictadas desde lo más hondo.

A partir de ahí, el tiempo y la vida merecen un poco más la pena

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