Fama y bendiciones. Pueblos. Goyo Tovar

Dudas de papel
Goyo Tovar

Algo debe tener la fama cuando la bendicen. Quizá nacemos con el deseo natural de ser conocidos y reconocidos por nuestros semejantes y es entonces cuando puede aparecer la desviación: conocimiento y reconocimiento se distinguen en que el primero se fundamenta en la naturalidad y el segundo sobrenada en la artificialidad. Expertos que somos en artificios, no dejamos a un lado el maniobrar para que lo natural mute.

Pues resulta ahora positivo y agarrado a la buena fama de artificio viajar a Extremadura en tren; aunque aún no tengo la percepción de que la vuelta sea tan beneficiosa como la venida. Y es que “venir” a Extremadura parece que mucha gente lo entiende como un traslado de personalidades que habitan en ciudades llenas, para esparramarse alegremente en pueblos vacíos. Las ciudades vomitan lo que se ingiere en exceso y los pueblos aguantan el vientre plano como niñas de Siria o niños de Yemen.

Dudo si la fama bendice más y mejor al artificio que a la Naturaleza

Así entiendo que el intento y sobreuso de la fama en la ciudad, hace que ese invento de abigarrarse abusando de la verticalidad de las viviendas, conlleve separarse de lo próximo. Es la paradoja límpida que explica por qué una ciudad nunca podrá ser “ecológica”. Por esencia y humanidad, una ciudad siempre tiende a ser una especie de bazar chino en que se encuentra de todo a base de ser secundaria la necesidad. Si así sigue pareciendo, debemos admitir que la abundancia de la baratura, conduce a la invasión de la economía del hiperconsumo, que nos lleva a la pobreza social.

¡Ah, los pueblos! Hace cuarenta años descubrimos que sus noches eran tan oscuras, que surgió la necesidad de alumbrarlas; lo que a su vez provocó la olvidada diversión de romper las bombillas con tirachinas. También se descubrió que el saneamiento consistía en tender una red subterránea de tuberías bajo sus calles, para depositar el agua sucia (perdón, usada) en los arroyos de los campos o en los mares; costumbre que permanece.

Lo más práctico y valioso era la salud –y sigue siendo-. Los más etéreo y difuso era la educación –y sigue siendo-. Una y otra perdían la naturalidad si al lado estaba la pobreza; una y otra surgen artificiales al amor del dinero. ¿Qué pueblos hemos hecho? ¿Qué ciudades se visten desnudando a los pueblos? Dudo si la fama bendice más y mejor al artificio que a la Naturaleza.


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