Reglas de ortografía. Carmen Heras.

Desde mi ventana
Carmen Heras

Me picaron varios mosquitos en un brazo (o uno varias veces), y como el cuerpo siempre reacciona, se me originó una roncha grande, con picor y dolor añadido. Fue cosa de un par de días, sin importancia, pero eso me hizo pensar en las reacciones alérgicas que algunas personas nos provocan, no por ellas en sí, sino por algunas de sus formas de actuar, tan determinantes para muchos de nosotros. Un colega dice que le produce cierta urticaria verlas representando personajes de unos roles determinados, a pesar de lo poco que pueden ofrecer en ese terreno.

Sostiene Landero que no hay relatos inocentes (él debe saberlo pues escribe), y que las palabras siempre entrañan un riesgo y un peligro. Vienen a mi mente algunas que, como picadura envenenada de mosquito, han dejaron meridianamente claro el que, para un sistema, los seres humanos no importan porque son sustituibles. O aquellas otras que afirman justamente lo contrario: que la razón de ser de ese mismo sistema estriba en la importancia que concede a las personas. Una afirmación, está última, díametralmente opuesta a la primera, salvo que aceptemos distintas formas de medir, según los tipos humanos de que se trate. Y a la postre todo sea simplemente un relato impostado, desde viejas alturas morales, tan falsas.

Las palabras siempre entrañan un riesgo y un peligro

Recordándolas, volvieron al presente los pequeños apuntes escolares con la memorización de las reglas ortográficas usadas en gramática, desde la nula o incomprensible didáctica del profesor. Y reviví cómo, de forma intuitiva, ante la dificultad para recordarlas, opté por leer y leer cuánto caía en mis manos, para, desde la memoria fotográfica, poder hacer mía la forma verdadera de las palabras escritas, las ‘g’ y las ‘j’, las ‘b’ y las ‘v’, los acentos… Haciendo el recorrido que circula desde lo general a lo concreto y experimentando sobre este último.

Y me digo que puede estar ocurriendo lo mismo hoy en la resolución de las opciones complejas de nuestro mundo. Que se buscan series de soluciones específicas para dinámicas y problemas que no permiten respuestas incluidas en ciento cuarenta caracteres, porque necesitan la aceptación del precepto general. Porque no hay “reglas” particulares para trabajar (por ejemplo) la violencia de género, o el no a la destrucción de los bosques. O los derechos fundamentales de cualquier ser, pongamos por caso.

¿Estamos asistiendo a un fin de ciclo cuando se repiten actuaciones que fueron hechas hace 10,11,12 años? ¿O simplemente nos hemos pasado a un cambio de metodología en la que se quedaron sin hueco los viejos conceptos de respeto al otro, honestidad, coherencia, sacrificio, lealtad, bien común, que dieron sentido a unas teorías y formas de actuación determinadas? Porque, a lo mejor, es cierto que de tan extraños en el día a día debieran rechazarse. Pero aunque así fuera, ¿no creen que los humanos debiéramos discutirlo?

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