Claudio Abbado. Sobre levitaciones y comparaciones. Alonso Torres

Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

Uuummhhh… Claudio Abbado (director de orquesta, musicólogo y mago), y no voy a escribir sobre él porque haya vuelto a las andadas, ¡ni de coña!, pero sí es cierto que he estado escuchando a Mahler en las últimas horas (hubo un tiempo en que me lo tragué entero, nueve sinfonías y una décima inacabada que un listo contemporáneo, no recuerdo el nombre del listo -ni lo voy a buscar-, remezcló e hizo un disco que en su momento me pareció una genialidad, jijiji, claro que por entonces también leía a Trakl, <<Arde el anhelo en sus nocturnas miradas, / por aquella patria que nunca encuentran…>>, y me parecía genial) y escuchar a Mahler “marca” un pelín, y el Abbado, que levitaba, lo trabajaba, lo deglutía, lo trituraba, lo marcaba a fuego, lo mostraba al mundo, a Mahler, digo, de una manera única y maravillosa (¡qué diferencia con el metrónomo de von Karajan y su contrato con la Deutsche Grammophon!).

Arde el anhelo en sus nocturnas miradas

Cierto periodista y escritor de alta cuna (“vivimos de los réditos de los réditos, y cuando esto se acabe empezaré a preocuparme por la situación”, le dijo su padre; y sí, llegó a preocuparse, je, je), abolengo y caradura (caballos, apuestas y periodismo en el “Paris Match”), en sus memorias (cuatro libros, ¡sabrá Dios por qué me los leí!; a lo mejor fue porque el tío varió desde la derecha más dura, la monárquica, a ser simpatizante del primer presidente del gobierno del PSOE, y eso hubo un tiempo en que me hizo gracia), reescribo: cierto periodista escribió que tras un concierto de este compositor, Mahler, su abuela le preguntó que si le había gustado, él dijo que sí, y ella comentó, “vas a ser un sufriente”. Yo paso de sufrerías, pero sí que les recomiendo a ustedes escuchar su Octava Sinfonía, llamada popularmente, De Los Mil: orquesta y coro pa volverse locos.

La otra noche, en garito cacerense (Gastro-Tasca sita en la Plaza de La Concepción), un colega, Nano, le pegó a la sin hueso hablando del Abbado, y la cosa fue enganchándose y acabamos acordándonos de Monteverdi, que era uno de los asalariados del Duque de Mantua (al que Verdi, en su ópera “Rigoletto”, representa como un canalla); él, Monteverdi, junto con Tasso (estilista escritor) y Rubens (pintor de la carne), trabajaban para el de Mantua, ¡menùa recua de cultura europea, chacho, viviendo en el mismo palacio!, y esto nos llevó a hablar de los mecenas actuales (de Cáceres, de Madrid, de NYC, de París, de Berlín, de Londres, de Hong Kong…), yyyyy, y no hay comparación posible entre el italiano y estos de ahora: él hubiera protegido/financiado a Abbado para que siguiera levitando, y estos/estas actuales hubieran “visto” qué negocio se podría hacer con el místico director (y mago, y musicólogo), he ahí la cuestión, he ahí la diferencia.

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