Mariposa. José A. Secas.
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Historias de Plutón
José A. Secas

Dicen las malas lenguas, de mala baba, de mala boca, de mala cara, de mala cabeza, de mal corazón, de mala sangre y de mal carácter que está repartida por nuestro pequeño mundo, que la que nos va a caer va a ser chica o floja (según depende). Se nos avecinan tiempos más duros que puntos suspensivos, donde se va a estirar más la cuerda que separa a los ricos de los pobres. Nosotros, los que escribimos y leemos estas cosinas, somos de los pobres; aunque honrados y trabajadores, blablablá, esto, lo otro, lo de más allá patatín y patatán. Pero pobres. Somos esclavos; como desde que el hombre es hombre. Sometidos al poder del dinero que pervierte y comparte con la alta política que, ojo, como votantes, en estas compradas “democracias occidentales” que nos ha tocado vivir, somos todos. 

 
Lo más triste de esto, es que los gerifaltes y aspirantes que nos gobiernan o guardan su turno, son parte de nosotros pero “conviven” con la pasta gansa (y eso, ustedes perdonen, es muy peligroso). Estos boquiquis que hablan tanto del futuro y que se equivocan como el hombre del tiempo, están empeñados en ver y hacernos ver el vaso medio vacío y, entre tanto, utilizan el miedo como arma para someter nuestra fuerza de grupo, para luego amenazarnos con las distintas variantes de recursos (dinero) varios habidos y por haber que manejan para hacernos la puñeta y mantener el “staus quo” -whatever you want- unos cientos de siglos más. 
 
Y en ángulo contrario del cuadrilátero existencial, primero en el ranking, con muy pocos siglos de historia y un peso insignificante en el conjunto del Universo, un ser humano (macho, hembra o indefinido) habitante de la Tierra, que se va viendo mayorcito como para seguir haciendo tonterías, que se da cuenta (por que lo ve) que la vida son dos días y que, casualmente, vota a sus representante, mirustepordonde. Es un ciudadano nacido libre e igual según la legítima declaración de los derechos de sí mismo y de su propio mecanismo. Es, lo que viene siendo, un miembro más de la gente normal y corriente. Uno más de esos que, bien amarraditos, sigue (seguimos) manteniendo un sistema injusto para consigo mismo, cegado por el reclamo permanente de creerse en el posible, lejano, casi remoto derecho de, tal vez, a lo mejor, quizás, algún día, llegar a ser como ellos: Rico (y si además se puede ser famoso, mehó). Dubi, dubi, dubi, dubi, dubi, dubi, dubi, da (de el violinista en el tejado).
 
Mi querido congénere, ¿sabes hacia dónde transita irremisiblemente este DEM (desvaríe existencial momentáneo) que acaba de sacudir mis entrañas y que he vomitado sin reparo alguno? Pues te lo diré: va directo a tu suma y sigue, a tu haber (of course), a mejorar circunstancialmente al complemento directo, a completar el sentido del aporto y no me corto; contribuye a aterrizar el nacer, crecer, desarrollarse y morir de bicho viviente que eres, a pintarte la cara color esperanza; para que acabes añadiéndolo a otras cosas guapas y buenas que la vida nos depara, que a todo hijo de vecino nos gusta un horror disfrutar y que se nos van acumulando o pasando por delante de la nariz sin darnos cuenta. Este DEM no es, ni más ni menos, que una gota de salsa del momento presente que consiste en leer tonterías y comidas de tarro de otro que tal baila (el menda), echar unas sonrisinas y, ¡a otra cosa, mariposa!

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