Historias de Plutón
José A. Secas

El mundo de las contradicciones se te da muy bien, y lo sabes… Por otra parte te consideras una persona coherente aunque lo que importa es lo que piensen los demás de ti, ¿no es cierto?. Esto es contradictorio, pero a la vez, a fuerza de exhibir sinceridad, te crees que también puedes pasar por coherente. Por otro lado, la humildad y el ego son enemigos acérrimos, pero la autoestima no debe estar reñida con la sencillez y la modestia. En el fondo es cuestión de interpretación, de punto de vista, de perspectiva, del color del cristal de las gafas con que miras y de cómo te tomas y retomas las cosas propias y extrañas. Hay refranes tan acertados que te vienen contando la ley del espejo desde que el mundo es mundo. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” es una observación acertada. Es como cuando un charlatán -político, vendedor, maestro, periodista, cura- profesional comienza su exposición con un “voy a ser breve”. Te puedes echar a temblar. Casi siempre ese pez muere por su boca, como tú, pero ¿qué sería de los ignorantes si no hubiera eruditos que nos iluminaran con su sapiencia y su labia y nos explicaran las cosas bien claritas por activa y por pasiva? Tú te imaginas que en el medio está la virtud y que ni tanto ni tan calvo, pero esa vuelve a ser una trampa dialéctica donde cualquiera se puede perder porque siempre existirá un argumento válido y bien construido que rebata cualquiera de tus teorías peregrinas.

Volviendo a los refranes: ten por seguro que es muy probable que exista un adagio o un chascarrillo que defienda lo contrario de lo que dices o piensas. La verdad absoluta no existe y tú con esos pelos. Y sí, ahí querías llegar, al asunto capilar. Ahí vas a poner de manifiesto tus miserias, tus contradicciones y tus incoherencias, a echar por tierra la humildad y a hacer un esfuerzo por reflotar tu maltrecha autoestima. ¿Te has preguntado últimamente si eres más de cartón que de mortadela y no has sabido responder a esta pregunta trascendente? Las connotaciones que cada una lleva aparejada te aturden y confunden. La disquisición es morrocotuda. A la espera de que vuelvan a ponerse de moda las pelucas como en la corte de Luis Equis Palote Uve, la alternativa pasa por el implante capilar. Contra  esa estrategia gubernamental tan exitosa impulsada por el gobierno turco a base de paquetes completos, calidad y precios competitivos, han luchado importantes y famosos contrincantes como Cristiano Ronaldo y te consta que la proliferación de clínicas donde convierten una bola de billar en una fregona ha llegado hasta tu bonita ciudad perdida del oeste peninsular. Qué ilusión te hace. Pensándolo bien, tú lo que tienes es envidia cochina de los que mantienen coronada su testa a pesar de los años, y si es conservando la color original y no se ven salpicadas de hebras blancas y plata, mejor que mejor. No puedes disimularlo. Eso también es contradicción, ¿no es cierto? En el fondo no eres tan guay como tú te crees, tan artista, tan listo, tan salaíno… Eres un maduro man, mal llamado viejoven, echando la vista atrás y preocupándote por gilipolleces que tienen una solución cara y un poco ridícula, pero ¡qué envidia, joder, qué pelazo! Tú lo que quieres es hacer alarde de presunción, arrogancia, engreimiento y envanecimiento hasta llegar a esa pura pedantería, petulancia e inmodestia que te lleve a las más altas cotas de vanagloria y jactancia para terminar haciendo alarde y ostentación de cualidades, dones, valores y gracias divinas con las que los dioses te han tocado, majete, y así es imposible que pases por modesto. Te vas a tener que autodisciplinar y vas a tener que aterrizar las ínfulas exacerbadas que esgrimes y dedicarte a filtrar los pensamientos, destilarlos, no venirte arriba y dejar de dar rienda suelta a la verborrea dialéctica sin ton ni son, que nos aturrulla y nos vuelve chirichi. Así no vas a llegar a ningún sitio, salao. De nada vale que hagas ostentación de tus miserias y tu alopecia.

Además, a nadie le importa cómo se siente el concejal de cultura de Simferópol cuando oye las noticias de la radio local y piensa que en la rueda de prensa de las 12:00 h se tiene que quitar el gorro de piel de zorro para hablar en público del fallo del concurso de relato corto. Le da más vergüenza ser calvo que decir que no se ha presentado nadie. Y tú, dale que te pego con lo tuyo.

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