La pandemia del COVID-19 provoca un mayor deterioro en de las personas con esclerosis múltiple
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Casi al 50% de los pacientes con esclerosis múltiple la pandemia le ha generado un deterioro en su calidad de vida. Además, un 24% y 19%, respectivamente, han empeorado su estado de ánimo y la fatiga, según ha evidenciado el doctor Miguel Ángel Llaneza, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Desmielinizantes de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

«Este deterioro de la calidad de vida se ha hecho más evidente en aquellos pacientes que previamente tenían un mayor grado de discapacidad y se ha visto reflejado sobre todo en la aparición de problemas motores, fundamentalmente torpeza deambulatoria y desequilibrio, así como incremento del tiempo necesario para realizar actividades cotidianas, y desarrollo o agravamiento de estados de depresión y ansiedad previos», explica con motivo del Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, que se celebra este domingo.

Por otra parte, recuerda que existe la posibilidad de un empeoramiento de la esclerosis múltiple relacionada con el virus de la COVID-19. En esta línea, se ha reportado recaídas en los pacientes con esclerosis múltiple infectados por COVID-19 muy variables, desde un 4 a un 21%, aunque aún no se disponen datos de la discapacidad que ha producido este hecho a largo plazo.

Asimismo, recuerdan que ninguna de las vacunas COVID-19 aprobadas hasta la fecha en España están contraindicadas en pacientes con esclerosis múltiple. De todos modos, aún todavía está por ver si el tipo de tratamiento que están recibiendo los pacientes puede afectar a la efectividad de la vacunación. Además, en pacientes que reciben tratamiento inmunomodulador, y que presentan un recuento linfocitario normal, no influiría en la efectividad de la vacunación.

Pero en pacientes con tratamiento inmunosupresor, aunque no debería implicar ningún problema de seguridad, la efectividad de la vacuna podría verse disminuida. Por esta razón, en pacientes que todavía no han iniciado el tratamiento inmunosupresor, siempre que su situación clínica lo permite, es aconsejable que se vacunen antes de comenzar el tratamiento. Si el paciente ya está recibiendo tratamiento, inmunosupresor, será su neurólogo responsable el encargado de hacer las recomendaciones que crea oportunas a este respecto.

«Y, por supuesto, en todos los casos, mientras se genera la repuesta inmunológica tras administrar la vacuna COVID- 19, los pacientes habrán de extremar las medidas de protección habitual como lavado de manos, utilización de mascarillas y distanciamiento social vigentes en cada momento según recomendación de las autoridades sanitarias», advierte la SEN.

Más de 50.000 personas padecen esclerosis en España

La Esclerosis Múltiple es una enfermedad crónica caracterizada por el ataque del sistema inmune al sistema nervioso central, produciendo grados variables de lesión neurológica persistente. Los primeros síntomas de esta enfermedad neurológica suelen empezar en adultos jóvenes, lo que la convierte en la primera causa de discapacidad no traumática más común en esta edad. Es 2-3 veces más frecuente en mujeres que en varones y, después de la epilepsia, es la enfermedad neurológica más frecuente en adultos jóvenes.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que aproximadamente entre 50.000 y 55.000 personas la padecen en España, mientras que cada año se diagnostican unos 2.000 nuevos casos. El 70% de estos nuevos casos se diagnostican en personas de entre 20 y 40 años, aunque puede debutar a cualquier edad. Se estima que en todo el mundo padecen esta enfermedad más de 2,5 millones de personas, del total de las cuales, aproximadamente 700.000 casos se encuentran en Europa.

«La esclerosis múltiple es una enfermedad con un alto impacto personal, social y sanitario por su frecuencia, su tendencia a producir discapacidad, su repercusión laboral y por las necesidades de cuidados y tratamientos que conlleva. Al menos el 50% de los pacientes tienen una considerable afectación de su calidad de vida y el 80% del coste socioeconómico de esta enfermedad (más de 9.000 millones de euros anuales en Europa) está relacionado precisamente con estos diferentes grados de discapacidad que la enfermedad», detalla Llaneza.

«Afortunadamente en los últimos 25 años se han aprobado numerosos tratamientos que han aumentado la esperanza de vida de los pacientes hasta casi asemejarla a la del resto de la población, además de mejorar su calidad de vida gracias a la capacidad de estos fármacos para modificar el curso evolutivo natural de la enfermedad y la acumulación de discapacidad», prosigue.

En el 90% de los pacientes la esclerosis múltiple produce episodios de disfunción neurológica llamados brotes, que duran días o semanas y que suelen remitir parcial o totalmente. Pero, sin tratamiento, una parte importante de estos pacientes desarrolla, a lo largo de la evolución de enfermedad, lo que se denominan formas secundariamente progresivas, en las que el deterioro neurológico progresa casi siempre sin evidencia de dichos brotes. Además, en torno a un 10% padece formas primariamente progresivas, caracterizadas por un deterioro neurológico progresivo sin brotes desde el comienzo de la enfermedad.

Son precisamente los pacientes con formas progresivas los que más limitados tienen los tratamientos disponibles y la efectividad de los mismos, aunque recientemente se han aprobado varias opciones terapéuticas que parecen aportar algunos discretos beneficios en la evolución propia de las formas primariamente progresivas y en las secundarias progresivas.

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