Todos no son iguales. Carmen Heras.

Desde mi ventana
Carmen Heras

Puede que yo sea un poco rara, pero me violentan sobremanera las generalizaciones en la observación de un suceso, un comportamiento, una trayectoria… cuando es sabido que cada caso puede y suele ser diferente. Ya lo he contado en otras ocasiones, si generalizamos sobre el comportamiento de las personas públicas con la frase consabida “todos son iguales” o “nadie hizo nada nunca” damos pábulo a esas falsas creencias que han dado en estigmatizar a determinados grupos para (cada vez estoy más convencida) salvar la vida a otros. Salvar la vida o la trayectoria, incluso los intereses de otros.

Me molesta la frivolidad del relato, lo simple de la crítica, y no solo porque relato y crítica sean ambos injustos y poco precisos (oh, paradoja) con alguien en particular, sino también por la conciencia hipócrita que subyace en quienes lo hacen ante una realidad que parecen desconocer en sus matices. Aunque dudo de que sean conscientes de su colaboración (los que colaboran son llamados colaboracionistas) con esa clase de miseria moral que consiste en no reconocer nunca los méritos de sus semejantes, si éstos no pertenecen a su propio círculo directo.

Posiblemente sea yo un poco rara, pero entiendo que muchas veces la ausencia de productividad de unos es parte también del proceso de no reconocer la productividad de otros. Pongamos un ejemplo conocido: el del funcionario que se esmera y sin embargo es tratado de la misma forma que el que no lo hace, y que termina rehuyendo responsabilidades genéricas (salvo cuando tiene convicciones firmes en relación al trabajo y su propia concepción de la vida) que jamas le son reconocidas.

Pues algo similar ocurre en política. Si al político digno y eficiente se le nivela, en cuanta conversación surge al efecto, con el político ineficaz, mediante la fórmula de juzgar negativamente todo cuanto hizo aquel, para no molestar y dejar solo en la crítica a este que está en activo, es de otra ideología y no ha hecho gran cosa, se contribuye de forma segura al desmantelamiento del interés del primero por unos convecinos que ni saben ni quieren discriminar entre lo correcto y lo que no lo es. Y todo se empobrece porque no se participa. Como estamos viendo.

Supongo que habrá quien opine que en esta reflexión hay algunas dosis particulares de vanagloria. No. Los estudiosos lo llaman “uso de la motivación” o refuerzo (positivo o negativo) a la hora de hacer una tarea. Los educadores saben de lo qué hablo. Cualquier experto profesor, también.

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