Pornografía. Alonso Torres.

Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

Va a parecer que le “respondo” de alguna manera a mi amigo José A. Secas, pero no (es cierto que algunas veces me han entrado ganas de escribir a propósito de las columnas de mis compañer@s, pero siempre me he resistido, a lo peor la peña lectora se lo tomaba como una guasa: “mira, ya están estos contestándose y pasando de nosotros”; aunque hay por ahí insignes escritores que desde sus tribunas, incluso libros, les dan estacazos y/o abrazos a colegas del gremio, pero he dicho insignes y yo no lo soy), digo, que no le contesto con lo que voy a escribir a mi amigo José, que no le respondo, que no le “agrando” su artículo sobre sexo, pero voy a escribir sobre una actriz, una ex actriz de cine porno, Anastasia (sin más, sin apellidos).

Anastasia lucha desde su país natal, Rusia, contra la trata de mujeres, contra el tráfico de mujeres

Anastasia lucha desde su país natal, Rusia, contra la trata de mujeres, contra el tráfico de mujeres que son secuestradas, engañadas, drogadas, golpeadas, torturadas (algunas, bastantes, ¿quién le pone número?, asesinadas –existe un libro titulado “Las Natachas tristes” que va sobre el tema, yo lo he leído en dos “sesiones”, en la primera lectura lo tuve que dejar, lloraba en demasía-), esta mujer lucha contra el “stock de coque” de mujeres eslavas para el disfrute de esa carne fresca y espléndida en puticlúes, harenes (que los hay), o en filmes pornográficos; es un trabajo ímprobo, brutal, desasosegante, duro, ingrato, imposible (Vólkov, el autor del libro “El coro mágico”, decía que no hay que callar ante las injusticias de los gobernantes, je, je, y ya sabemos cómo se las gastan por aquellos lares con los disidentes: o gulag, o polonio en el té), un trabajo, luchar contra la prostitución y el cine porno “obligado”, que es imposible pues hay muchos intereses económicos, y las mafias, las más de las veces, “vienen de arriba”.

Cuando me enteré de la existencia de esta mujer visité su blog, allí cuenta con pelos y señales todo lo que pasó, todo lo que sufrió, todo por lo que la hicieron pasar, y además, muestra escenas de sus películas (es cine de los 80, o sea, bragas grandes, medias color carne, mucho pelo, y cardados en ellos y ellas), y ¡joder!, una cosa me llamó poderosamente la atención y no fue que en todas las escenas cerrara los ojos, “ausentándome”, como dice, sino que cuando es penetrada (qué eufemismo, “penetrada” -ahora los obvios y las obvias dicen “empotrada”-) toca la mano de los diferentes actores, pone su mano sobre la mano de sus “compañeros”, acaricia las manos de los hombres que la follan (yo no hablo de empotramiento, yo soy de la vieja escuela, y una de mis películas favoritas es “Promesas del Este”, de Cronenberg, ¿recuerdan la escena en la que Viggo Mortensen le da una estampa de la Virgen de Kazán a la prostituta?, pues eso).


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