Salaya considera que la desescalada tiene que ser gradual
El alcalde de Cáceres, Luis Salaya, en una rueda de prensa. Ayuntamiento de Cáceres. Archivo.

El alcalde de Cáceres, Luis Salaya, ha opina que la desescalada ha de ser progresiva en los horarios de apertura de la actividad económica de la hostelería. A juicio del alcalde, de esta manera no acabaría la racha de buenos datos de contagio en la ciudad, que ayer no detectó nuevos positivos de coronavirus y que ha bajado la incidencia a 86 casos en 14 días.

Por tanto, con respecto a la petición de la Asociación Cacereña de Bares y Restaurantes (Acabares) de que, en el próximo Consejo de Gobierno regional se decrete la apertura de la hostelería hasta el toque de queda de las diez de la noche, Salaya ha señalado que “se cumplirá con la planificación de la desescalada que marque la Junta de Extremadura”.

“Entendemos que la hostelería ha soportado un sacrificio muy importante durante este tiempo y también entendemos que hemos conseguido reducir mucho las cifras de una situación muy difícil, y lo que aprendimos en las últimas olas es que una desescalada demasiado rápida, a veces, echa a perder el trabajo y el sacrificio de muchos meses”, ha indicado Salaya en declaraciones a los medios este martes.

En esta línea, ha insistido en que “se marcarán los ritmos que los expertos digan” y ha apostillado que a la hostelería “le beneficiará que se hagan bien las cosas para no recaer en situaciones como la de hace unas semanas”.

Salaya ha remarcado que los datos en la ciudad ahora mismo “son muy buenos” pero también ha alertado de que, según tal y como ha ocurrido en las anteriores olas de la pandemia, “no podemos relajarnos mínimamente”. “Si cumplimos y somos capaces de hacer las cosas bien, seguiremos así, y si no, lo podemos estropear muy rápido como en la segunda ola”, ha sentenciado.

Por todo esto, ha vuelto a apelar a la responsabilidad individual de la ciudadanía cacereña y evitar “recaídas”. También ha pedido que “hagan el trabajo lo más fácil posible a la gente que trabaja bajo mucha presión”, es decir, que no se convierta a los dependientes de los comercios y a los camareros en policías que vigilen el cumplimiento de las normas, ya que la ciudadanía también es la que debe cumplir con lo establecido.

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