Mala baba. José A. Secas.

Historias de Plutón
José A. Secas

Por principio, nunca hablo de política, fútbol, toros y religión porque he llegado a la conclusión de que no me compensa gastar energía en discutir (con ciertas personas) de estos asuntos que propician el posicionamiento integrista, excluyente y radical que tan lejos están de mi forma de entender la vida (y de actuar en consecuencia) y tan presente está en estos aciagos días.

Ahora, recién metidos en campaña/s electoral/es, el clima crispado que se respira en la barra del bar o en las redes sociales, me afecta (hasta donde yo lo permito) de tal forma que me genera un malestar enorme tener que enfrentar mis argumentos conciliadores y tolerantes a mentes obtusas y envenenadas que no son capaces de ir más allá de la mierda (con perdón) que tienen incrustada en su cerebro. No discuto porque gasto mucha energía y porque nunca llego a ningún sitio. No es que quiera convencer -inútil- a nadie, es que no soporto que me quieran convencer a mi y que, de paso, lo hagan con argumentos negativos: descalificaciones, miedo, insultos, mentiras, etc.

Prefiero hablar con gente sana, abierta, constructiva, educada y respetuosa y no meterme en cenagales que aparentan ser huertos

Cada día soy más práctico al respecto y, dando una larga cambiada, saliendo por peteneras o por la tangente, haciéndome el longui o, directamente, yéndome por los cerros de Úbeda, me voy a otra cosa (mariposa) y dejo a quien sea con su discurso para él solito; si no con la palabra en la boca. No lo soporto. No lo acepto. Ya no estoy para que me amarguen la existencia y roben minutos de mi vida estupenda y preciosa, intentando venderme una moto que no funciona y contándome una película mala (y de miedo). No. Como dice el famoso eslogan de la tienda multinacional de electrodomésticos: “yo no soy tonto” y no permito que mi momento presente se arruine en cualquier conversación (real o virtual) con un insensato poseído por la verdad que quiere llevarme a su huerto asqueroso y maloliente.

Apago los telediarios y las tertulias y elimino perfiles de orcos y militantes vocingleros cuando estoy alborotado o, sencillamente, hago oídos (o vista) sordos y cambio de registro (lo del chip me resulta un poco gilipollas, con perdón). Prefiero hablar con gente sana, abierta, constructiva, educada y respetuosa (en general, con mis amigos) y no meterme en cenagales que aparentan ser huertos (donde tampoco conviene pisar sin mirar). Prefiero debatir de cultura, arte, sentimientos y emociones (que siempre sacian mi curiosidad y engrandecen mi espíritu) que malgastar mi preciado tiempo en hablar (¡¿hablar?!) de tonterías con los más tontos.

Y ahora voy y mando un mensaje de amor y mis mejores deseos a todos los inconscientes que siguen malviviendo su presente enredados en diatribas inútiles y ladronas de la felicidad. Amen (sin tilde).

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