¡Es el dinero, idiotas!

c.q.d.
Felipe Fernández

Todo es por dinero. Desde que el pijo del mentón adelantado –es increíble que todavía ande suelto– amenazó con sacar a la gente a la calle, siempre ha sido el dinero. Asustado ante la inevitable bancarrota que los excesos catalanistas y la corrupción indisimulada habían provocado; incapaz –uno más– de administrar con sensatez y coherencia, decidió que la respuesta estaba en las vísceras y en los eslóganes. Y vaya si lo consiguió. Pero claro, no se percató –o sí, quién sabe– de que remover los sentimientos del personal es muy peligroso, porque una vez descontrolados es muy difícil colocarlos. Cuando las lágrimas asoman sin control, se eriza el vello con las banderas y los segadores, y el anhelo se fija como destino único, hay pocas soluciones. En realidad, la postura es de manual… nacionalista, claro: como somos ricos y prósperos, ganado a pulso porque somos más listos, más capaces y más trabajadores, no debemos compartir con los otros, cuyo menor nivel de vida se debe exclusivamente a su holgazanería y su limitada inteligencia. Tal es así

Decidió que la respuesta estaba en las vísceras y en los eslóganes

que las comunicaciones, las industrias, las empresas prósperas, los bancos, las editoriales, los presentadores de televisión, incluso el Mediterráneo están (estaban) allí por la evidente y demostrada superioridad de su población, autóctona o sobrevenida, da igual, porque las virtudes se transmiten por ósmosis directa. ¿Cómo explicar, si no, que el mero hecho de vivir allí conceda unas cualidades tan destacables? Por eso, tienen su propia historia diferente –a veces opuesta– a la historiografía convencional, que es incapaz de reconocer los hechos tal y como ocurrieron, ¡serán españolistas! Por eso, acuñaron el término ¡España nos roba!, para dejar muy claro que lo suyo es suyo y de nadie más. Aunque, en rigor, el eslogan debería haber sido ¡Los pobres nos roban! porque eso es lo que proponen, alejarse de los que necesitan, huir de los pedigüeños, con un alarde de solidaridad moderno y republicano. Atrapados en su bucle sentimental, la otrora próspera y vanguardista Barcelona, refugio de escritores, pintores, emprendedores, intelectuales y trabajadores venidos de toda España, se ha convertido en un refugio de indeseables, okupas, violentos e hijos de papás enriquecidos a la sombra del régimen, niñatos que distraen su opulencia atacando policías e incendiando contenedores. Que Ada Colau fuera elegida alcaldesa supuso la confirmación palpable de que la vulgaridad, el populismo y las chanclas habían cogido el relevo en la sofisticada Ciudad Condal. ¡Qué pena! ¡Ya nunca será igual! Si Gurb volviera, no los reconocería.

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