Concerto de Vanessa Collier en El Corral. José A. Secas.

Historias de Plutón
José A. Secas

El pasado jueves 3 de octubre, fui una de las afortunadas personas que vivió en directo el memorable concierto de Vanessa Collier y su banda en El Corral de las Cigüeñas, abriendo la X edición del Festival Internacional de Blues de Cáceres. Fue una de esas veces en las que las circunstancias te facilitan que puedas ir cuándo y dónde quieras; y allí me planté sin saber del todo qué iba a ver ni a escuchar. Tengo mucha suerte -he de reconocerlo- porque estaba en el mejor sitio y en el mejor momento para vivir una de las experiencias vitales más emocionantes de los últimos tiempos. Si, ya sé que suena un poco exagerado todo esto pero algunos locos apasionados sentimos las cosas así de intensamente. Si no me creen, pregunten a algún testigo. Ya verán que no me estoy columpiando tanto como podría parecer.

Aparte de que Vanessa se comportó como una mujer brillante, enérgica, bella, humilde, comunicadora, versátil, maestra, líder, cercana… tratándose de un concierto de música, hay que añadir que, además, es una excelente saxofonista, una completísima cantante y se defiende perfectamente con la guitarra. Sus canciones fueron un original compendio, sabiamente mezclado y contagiado, de todas las músicas negras de su pais: blues, soul y funk, fundamentalmente.

En una época de covers y revivivals, interpretar música original y atrapar al público tiene muchísimo mérito

Además de interpretar impecablemente, arropada por unos excelentes músicos que también “se salieron”, Vanessa se comportó como una artista profesional en todo momento. Se entregó de corazón y la conexión con el público fue intensa e inmensa. Todos lo vivimos emocionados y sentimos como su música corría por nuestras venas. Qué momentazo, pardiez.

Como aprendiz que me considero de su arte (componer e interpretar canciones), con Vanessa Collier confirmé una teoría bastante evidente que arranca de un estado emocional positivo y seguro del líder de la banda. La confianza y tranquilidad del cantante, se comparte entre todos los músicos, haciendo sonar los temas en profunda comunión, para proyectar y alimentar la magia de la música y de la pura comunicación.

Además de todo esto, Vanessa me dejó una valiosa enseñanza: Terminó por todo lo alto el glorioso concierto, invitó al público a comprar su música (tres CDs publicados) y ella misma se puso, a pie de escenario, a despacharlos y a dedicarlos. En una época de covers y revivals, interpretar música original y atrapar al público tiene muchísimo mérito. La humildad para llevar el proceso hasta el final y hacer llegar tu música con todos tus recursos es un acto de valentía y confianza. Vanessa, me has enamorado. Cuando sea mayor quiero ser como tú.

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