Clorinda Powers. La risa. Faemino y Cansado.

Mi ojito derecho
Clorinda Powers

Le contaba Faemino a Cansado, ¿o era al revés?, que su mejor amigo se había fugado con su mujer y con un millón de pesetas. Faemino, o quizá era Cansado, roto de pena, gritaba que la amistad se la podía meter por el culo su amigo, pero que el dinero… Ay, el dinero.

A mi hermana, a mi madre, a mi padre y a mí nos separan muchas cosas, fundamentalmente ideas (que no principios) y kilómetros, pero si algo hemos tenido siempre en común es a Faemino y Cansado. Y como dice una amiga, eso es demasiado. Yo no puedo estar más de acuerdo, porque las amistades más grandes que he tenido, y por suerte he vivido muchas más que amores, se han forjado al ruido de la risa y ésta al borde del llanto.

Si he aprendido que cuando no hay romance, la risa siempre es la mejor manera de esperarlo

A mí, que los amores nunca me correspondieron, tuve la inteligencia suficiente para hacer risa de casi todo, y acercarme a los que, sin tener nada que ver conmigo, tenía todo lo que yo buscaba en ellos. No sé nada de los límites del humor porque no los he conocido. Quizá porque en mi casa hemos aprendido a reírnos hasta de los enfermos, y cualquiera sabe que eso está mucho peor visto que reírse de los muertos.

Pero sí he aprendido que cuando no hay romance, la risa siempre es la mejor manera de esperarlo. Que en mi familia nos separen las ideas no es un problema, sabemos que las ideas se cambian de un día para el otro. Pero los kilómetros… los kilómetros en mi casa se respetan.

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