Deus Carlos Ojeda

Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

Debo confesar que para escribir, esta mañana (la Jefa, Ana Sedano, siempre atenta a los tempos, me avisa como si fuera una maldita y despiadada regidora teatral, “Alonso, tu columna me falta y ya es viernes”), digo, que esta mañana, para escribir, me he puesto música ligera, nada de “reservatta” (como llama Eduardo Baricco a la “clásica”), nada de profundidades, nada de oscuras profundidades celestiales, y es que quiero quitarme “poso” (luego escribiré por qué), quiero quitarme intelectualismo musical, y por lo tanto, lo que suena en el aparato es Keane, jeje; buscaba algo así, tíos cantando poppy con tintes líricos y melódicos, y algunas veces, estos tío, se vuelven un pelín grandilocuentes y cargan su discurso musical con magnificencia clásica: pianos, medios tiempos y coros (algunos hasta meten en sus composiciones instrumentos de cuerda tipo violín y/o chelo, que es el culmen, para ellos, de lo cool).

DEUS es una obra de Carlos Ojeda (con libreto de Javier Búrdalo) que proviene de la investigación, es <<una experiencia sonora multicanal con interpretaciones musicales en directo y arte video-gráfico; es un intento de codificar ciertos mensajes (místicos, míticos, filosóficos, racionales, nihilistas, esperanzados, religiosos, ateos) al hecho intrínsecamente sonoro y musical>>, y es lo que me ha ocupado estas dos semanas pasadas, por eso quería quitarme peso musical de encima mientras escribía, porque no he parado (esto es una exageración, por supuesto) de escuchar “paisajes sonoros”, música “concreta”, acusmática, electroacústica, música “serial”, y compositores como Truax y Stockhausen. Para escribir, me he dicho, algo poppy, pero ya vuelvo a Bach.

Yo, como buena soprano, me habré ido a casa después de recoger mis bragas del sofá

Ayer estuvimos ensayando Carlos, Epy Figueroa (que estará a los mil quinientos instrumentos que se utilizan en esta obra) y un servidor. Hubo de todo un poco: descreimiento en mi persona por parte del compositor, comprensión de la situación (la que sea) por parte de dos integrantes del trío, lágrimas de emoción, caída de guitarras, correcciones, música de la güena, una grabación del “hit” de la obra, y un abrazo de agradecimiento por mi parte a Carlos y a Epy; al primero por su amistad, y al segundo por hacerme sentir cómodo. Gracias. Cuando lean esto ya se habrá estrenado la obra (Capitol-Maltravieso), y yo, como buena soprano, me habré ido a casa después de recoger mis bragas del sofá.


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