Hay veces que conocer la realidad no evita que cuando alguien la presenta descarnada y en crudo no se nos revuelvan las tripas. Un artículo publicado el pasado 4 de noviembre en El País venía a poner en evidencia el retraso acumulado en esta región. La pieza informativa no desvelaba nada que no supiéramos los de aquí, pero sí aportaba esa visión externa tan necesaria para despertar. “Extremadura se ahoga”, rezaba literalmente el titular. Las letras iban desgranando a lo largo de los distintos párrafos que nuestra región se desangra por la falta de inversiones, las deficientes comunicaciones y el éxodo de nuestros jóvenes.

Las verdades con datos se convierten en problemas. Y eso es lo que hace el artículo. Arroja cifras como los más de 400.000 extremeños que viven con 700 euros al mes o los 13.000 jóvenes que se han marchado en los últimos cinco años. Habla también de que en Extremadura se encuentran 6 de los 10 municipios más pobres de España o de que el 44,3% de la población se encuentra en riesgo de exclusión social. Un colectivo que no puede hacer frente a cuatro de los nueve conceptos de consumo básico definidos a nivel europeo.

Bochornoso número arrojaba también sobre los 725 kilómetros de vías de tren que tenemos en Extremadura, de los cuales ninguno está electrificado. De hecho, las averías repetidas de este verano han costado la cabeza a un par de responsables al más alto nivel en RENFE. Pero aquí no pasa nada. Como mucho el ruido que levantaremos el domingo 18 de noviembre en Cáceres, donde se esperan más de 8.000 personas en la manifestación convocada por el Pacto del Ferrocarril.

De aquellas aguas, estos lodos. El retraso de la región se debe a años de verdadero abandono, a luchar por el cortoplacismo de las subvenciones públicos, a la espalda que nos dieron en el proceso de industrialización de España. A no haber peleado con uñas y dientes la autovía entre Cáceres y Badajoz. A no exigir lo que por derecho nos pertenece. A llenar de papeles los trámites para instalar industrias aquí. A poner por encima los intereses partidistas en lugar del pueblo extremeño.

Algunos dicen que tenemos los que nos merecemos. Pero muchos de ustedes, como nosotros, se levantan cada mañana para tumbar estereotipos y abrir nuevas posibilidades. Extremadura debe cambiar. Para eso necesita dirigentes valientes y ciudadanos que se partan la cara por su tierra. La esperanza es que de lo segundo vamos sobrados.


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