Soñar. José A. Secas

Historias de Plutón
José A. Secas

Volar, lo que se dice volar (parafraseando a el Kanka), es muy divertido; seguro que si. Como somos terrestres, podemos conformarnos con soñarlo. Soñar (despierto) es un ejercicio mental en el que el acto de imaginar se convierte en una experiencia interior ilusionante, reconstituyente y vivificante. ¿Quién no se ha montado “el cuento de la lechera” pensando en qué hacer con una lotería o una quiniela suculenta? Es fácil verse a uno mismo manejando lana (que dirían los mejicanos), plata (que dirían los argentinos), pasta (que diríamos nosotros) o perras (que se decía antes). Está claro que el camino más rápido, cómodo y gratificante es soñar con “tener” pero, lamentablemente, eso no es suficiente. Acumular riqueza y poseer cosas no nos hace más felices. Seguro.

Si nos centramos en lo que nos hace verdaderamente dichosos (siempre de acuerdo con los filósofos de todos los tiempos y en consonancia con las frasecitas exitosas y pedorras del caralibro), llegamos a la fácil conclusión de que es “ser” y no acaparar riqueza y objetos (dinero mediante), lo que nos permite alcanzar la felicidad. Ese concepto de “ser” es muy amplio y encierra la esencia de la vida plena. Ser libre, ser consciente, ser buena gente, ser amoroso, ser persona, ser… Ese es el camino y el fin (que, afortunadamente, nunca llega). Si hay algo “acumulable” que no sea dinero y pueda incorporarse al concepto de “ser” son las experiencias vitales. Esto conecta con el ser curioso y ávido por sentir, interactuar, enredar (en su acepción cacereña), probar, emocionarse, atreverse, etc.; en una palabra: vivir intensamente y darse cuenta de ello para poder saborearlo.

Ser libre, ser consciente, ser buena gente, ser amoroso, ser persona, ser…

Muchas experiencias se pueden comprar. Con dinero se viaja -gran fuente de mundología- o se adquieren objetos necesarios (y no) o se contratan servicios; está claro, pero la dependencia del dinero nos esclaviza y, como una droga, nos hace caer presa de esa terrible presencia, anuladora de libertad y generadora de humanos deshumanizados, egoístas, insolidarios y, definitivamente, incapaces de amar y, consecuentemente, infelices. Además, atenazados y sufriendo por el miedo a perder lo que acaparan. Terrible forma de vida. Yo así no juego.

Decreciendo, agradeciendo lo que mucho que tenemos (porque no es necesario), practicando el carpe diem, perdiendo el miedo, amando y siendo conscientes, llegaremos a conquistar una pequeña parcela de felicidad. Entre tanto, podemos soñar todo lo que queramos pero antes habrá que tentar a la suerte y gastar dinero en juegos de azar. Yo nunca compro lotería o juego a las quiniela; así es imposible hacerse rico; prefiero soñar para disfrutar (parafraseando a Dam) con alcanzar mi mejor versión. Y en ello andamos…

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