Pericles, Príncipe de Tiro. Ana Fernández, Festival de Mérida
Foto: Javier NavalFestival de Mérida

Ana Fernández, actriz

Has trabajado con Benito Zambrano, con José Luis Garci o con Pedro Almodóvar ¿Qué supone para ti pisar la arena del Teatro Romano de Mérida?

Pues un sueño que se hace realidad el día 10 de julio. He estado como espectadora, paseando por esas piedras, en esa ciudad que me encanta. Desde que soy adolescente he hecho escapadas. De verdad que es un sueño.

Todos mis compañeros y compañeras que han pisado Mérida dicen lo mismo: es una experiencia única, irrepetible que hay que vivir y que sueñan con repetir cuando la han vivido.

El momento que están ahí es mágico. Es casi una experiencia mística. Lo afronto con responsabilidad, con nervios pero muy contenta.

Foto: Javier Naval\Festival de Mérida

¿Cómo ha sido el proceso creativo?

Pues es un espectáculo muy movido. Uno de los temas del espectáculo es el caos. Ha sido un proceso de mucho juego, de mucho compromiso y mucha confianza.

Hemos conseguido hacer una compañía y eso es un regalo. Es muy hermoso trabajar en equipo y sentir el mismo pálpito.

Sudamos la camiseta, te lo aseguro ¡Estamos implicados al 100% durante las dos horas de la obra!

Shakespeare propone hasta qué punto nos condiciona el destino

Esta obra se le atribuye a Shakespeare y habla sobre el destino, sobre cómo el azar juega con nosotros y no se premian los actos. Solo vale la suerte. Algo que sigue vigente en el siglo XXI.

Hay personas que piensan que Shakespeare escribe esta obra pero no al completo. Lo que cuenta es cómo el caos mueve el universo y a Pericles le pasa de todo: hay parte de épica, de farsa, de drama, parte de tragedia, de melodrama de comedia… un montón de estilos mezclados que no van a defraudar.

¿Cómo has preparado tu personaje?

¡Tengo muchos personajes! Interpreto a la princesa Thaisa. A un pirata, que es como un chavalillo que me encanta, a un marinero..

Otro personaje importante es la dueña de un prostíbulo…

Luego hay otros personajes que están acompañando y jugando con el resto de compañeros para darle sentido al texto ¡El pirata me encanta!

Pasan muchas cosas y todo contado desde la simplicidad de lo teatral. Se deja al espectador que ponga de su parte y que imagine lo que proponemos: si hay una tempestad nosotros hacemos las olas y creamos esa atmósfera de desastre, de caos, de gran tempestad.

¿Cómo va a ser la puesta en escena en ‘Pericles, príncipe de Tiro’, la obra más épica de Shakespeare?

La puesta en escena es muy simple en escenografía jugando mucho con la luz, con el vestuario, con los cambios. Yo tengo como doce cambios y somos siete actores, así que multiplica.

En ‘Pericles, príncipe de Tiro’ vamos a coger de la mano al espectador y para que juegue con nosotros.

Hay un aura de lo inacabado y de lo vivo que hay cuando algo no está completo. El actor que interpreta a Pericles se mueve también por el azar, movido por el director, movido un poco por su voluntad y suerte, que le pasa a Pericles también, que por encima de su voluntad hay fuerza que condicionan su destino. Al final lo que se va a ver es la historia de Pericles.

Además, me parece importante resaltar que están más presentes las diosas como Afrodita o Atenea, que los dioses.

¿Crees que es necesario conocer la figura de Pericles hoy en día?

El que no haya conocido este texto antes, aunque es una versión reducida (el original dura unas tres horas), es un buen acercamiento a la obra de Shakespeare. Aquí lo que propone es hasta qué punto nos condiciona el destino. Todavía hay gente que piensa que el universo marca todas tus energías. Yo intento pensar que la voluntad tiene mucho peso, pero la verdad es que todavía hay muchas personas que dejan llevar por la idea del destino, las energías, las fuerzas superiores… Pericles, príncipe de Tiro es una reflexión amable y apta para todos los públicos.

También se pasea por cada código teatral: teatro de máscaras, la farsa, el teatro de lo absurdo… Pericles demuestra que se puede contar una historia a través de muchos códigos siempre desde la autenticidad y la emoción que aflora desde la verdad más profunda hasta casi llegar al esperpento pasando por lo grotesco. Es un homenaje al teatro puro y duro. Es todo un periplo teatral.

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