La moneda. Vicente Rodríguez Lázaro

Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

(A Fray Pedro de Ferrer)

Vino desde Valencia a Cáceres para fundar un monasterio. Y gracias a una moneda de oro lo consiguió.

Ahora ha regresado. Nadie le ve. Nadie repara en su caminar junto al antiguo recinto; pero él recorre los dos claustros y comprueba el trasiego mundano que hoy los ocupa. Escucha las melodías que surgen de los instrumentos de las salas del Conservatorio, los sabios discursos de los congresistas, el ir y venir de un sinfín de ciudadanos adscritos a la cultura urbana. El franciscano se alegra de los cambios producidos en sus espacios y aunque las plegarias y oraciones se alejaron de sus muros, la realidad que ahora contempla es más libre, más avanzada que las fanfarrias y el oscurantismo que en su momento allí se encarnaron. Asciende hasta la plaza de Santa Clara, desde ese lugar mira por última vez la silueta del convento y se aleja para no regresar: la niebla que se acaba de levantar lo acoge y lo traslada hasta el nuevo camino que deberá continuar a través de su tránsito forzado.

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