El último diente de leche
Víctor M. Jiménez

Por jugar a la gallinita ciega, pisé
donde no debía.

Hay minas que sin explotar matan
y palabras que, sin pronunciarse,
se clavan como las espinas en el corazón tierno de las moras.

Hoy juego con algunas trampas
y no me cubro los ojos del todo.

He aprendido que de poco vale la honestidad en la ribera de los ataúdes.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here