La Sala Maltravieso Capitol, recuperada hace exactamente un año, anunció a finales de la semana pasada su traspaso. Un jarro de agua fría para la proyección cultural de la ciudad. Ahora será gestionada por hosteleros que van a darle un giro a la programación y a sus objetivos. El único teatro privado de la ciudad cierra sus puertas y abre el debate de por qué su propuesta no ha cuajado en la ciudad. ¿Falta de interés por la cultura? ¿Falta de presupuesto? O simplemente, ¿no hay población suficiente?

La apertura de este espacio hace un año supuso un hito en la ciudad ya que se recuperaba un espacio cultural simbólico de Cáceres, cerrado en 2015, cuando Caja Duero le dio el cerrojazo consecuencia de la reestructuración de la entidad financiera. El proyecto liderado por el ex director del Gran Teatro suponía una alternativa cultural al Gran Teatro. Un equipo profesional y con conocimiento del medio ha trabajado para sacarlo adelante, pero el proyecto no ha sido capaz de arrancar. El asunto es que puede que no haya sido un problema de capacidad o de inversión, puede ser simplemente que Cáceres carece de población suficiente para tener dos grandes salas de teatro abiertas a la vez.

Cáceres tiene una población de 96 mil habitantes según el Instituto Nacional de Estadística, cifra en la que se ha quedado estancada y una pirámide poblacional cuanto menos preocupante. Cáceres tiene un 19 por ciento de población entre 18 y 34 años, un 50 por ciento entre 35 y 65 años, y un trece por ciento mayor de 65 años. Es decir, el ámbito de edad en el que más cultura se consume, sea música o teatro, es sólo una quinta parte de la total de la ciudad. Cáceres es una ciudad que envejece y la cultura compite con muchas nuevas formas de ocio.

Pero hay muchos motivos más para que un teatro privado tenga difícil triunfar en una ciudad como Cáceres. La programación del Gran Teatro y el Palacio de Congresos parece suficiente para satisfacer la demanda cultural de la ciudad y es duro competir con sus herramientas de comunicación. Llegar al ciudadano es complicado. Y más a los más jóvenes. Los promotores saben que competir entre sí a veces acarrea disgustos económicos porque no hay público para todo. Cuando dos conciertos coinciden se hacen daño. Y la presencia de los numerosos festivales a lo largo del año también resta público en días clave.

En general Cáceres es una ciudad difícil. Tiene una oferta cultural viva y necesita de más gente joven para que proyectos como la Sala Maltravieso Capitol fueran sostenibles en el tiempo. Pero para fijar población joven se necesita empleo de calidad. Y esa, es otra gran historia.

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