La oración continuada. Luisa de Carvajal. Vicente Rodríguez Lázaro.

Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

(A Luisa de Carvajal)

Desde las celosías del convento de San Pablo, una monja observa el ir y venir de los viandantes a lo largo de las tres plazas que conforman hoy el espacio del antiguo alcázar almohade. En el recuerdo, los rezos y salmos de su infancia, sus devaneos juveniles en la Corte, la voluntad, el sacrificio y la pobreza como normas inviolables a lo largo de su recorrido como religiosa. Su fuerte apoyo al catolicismo inglés, cantos, oraciones y pasión, honrando la poesía con sus versos.

Ella, una humilde monja que ha pasado a la historia, ve con resignación las acciones relajadas en cuanto a la moral de un buen número de habitantes que frecuentan los aledaños de aquellos muros centenarios. Y ve con pena cómo las celdas se quedan más y más vacías conforme pasa el tiempo en esos lugares repletos de un pasado variopinto. Y reza, y sus oraciones se mezclan con el sonido de las campanas de San Mateo al llegar la medianoche, con la esperanza de que el amanecer le traiga visiones más gratificantes de la condición humana.

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