Saturnino Acosta García, Vicepresidente de ANPE Extremadura
Veinte años y parece que fue ayer. Este 29 de abril no será una fecha más, sino la celebración de lo que resiste cuando todo empuja a lo efímero, la convicción de que la cultura no es un adorno, sino una raíz. Quizás por eso el propio nombre de Avuelapluma encierra ya una declaración de intenciones, la de la expresión romana “calamo currente” al correr de la pluma, o del latín, “volare pluma”, a vuelapluma. Escribir a vuelapluma era hacerlo al vuelo, con agilidad y frescura, pero también con una verdad sin artificios. Y en ese equilibrio entre agilidad y hondura ha sabido moverse durante dos décadas.
Conviene recordarlo, aunque a veces lo olvidemos con sospechosa facilidad, una sociedad que cuida el talento no pierde el tiempo, protege su futuro. Durante estos veinte años, Avuelapluma ha hecho algo profundamente contracorriente, que no es otro que detenerse, escuchar, pensar, crear. Ha sido refugio y altavoz, sí, pero sobre todo un espacio donde la libertad no se proclama, se ejerce. Y lo ha hecho desde Cáceres, desde Extremadura, desmontando ese viejo complejo de periferia que algunos aún pretenden convertir en destino.
Desde ANPE no podemos sino reconocernos en ese espejo. Porque educar nunca fue una simple transferencia de contenidos. Educar es algo más incómodo, más incierto y, por eso mismo, más necesario, descubrir la chispa antes de que el propio alumno sepa que puede arder.
Cada aula en Extremadura es un territorio lleno de talento en bruto. Casi siempre callado, muchas infravalorado. Y ahí está el docente, no solo explicando, sino intuyendo, empujando, sosteniendo, y siempre creyendo, cuando quizás nadie más lo hace. Porque el talento no entiende de códigos postales, pero sí, y mucho, de oportunidades.
Por eso defendemos una educación pública fuerte, exigente y digna. No por consigna, sino porque sabemos que sin ella el talento se marchita antes de florecer. Pero también porque entendemos que la educación no vive entre cuatro paredes: se alimenta de palabras que incomodan, de ideas que despiertan. Ahí es donde la cultura deja de acompañar y pasa a sostener.
Iniciativas como Avuelapluma hacen precisamente eso, tejer comunidad en torno al talento y recordarnos que Extremadura no es solo memoria, sino presente vivo y futuro ilusionante.
Conviene detenerse, además, en quienes hace veinte años apostaron por todo esto cuando no era fácil ni evidente. Conrado Gómez y Sergio Martínez entendieron algo esencial, que hay proyectos que no se levantan con prisa, sino con convicción. Y gracias a esa terquedad, bendita terquedad, hoy Avuelapluma no es solo un aniversario, es una referencia.
Celebrar estos veinte años es también celebrar algo menos visible pero decisivo, la capacidad de nuestros docentes para adaptarse sin perder el sentido, para evolucionar sin renunciar a lo esencial. Y celebrar, además, una idea casi subversiva, que el talento necesita tiempo, espacio y reconocimiento, también escaparate. Porque una sociedad que descuida ese cultivo acaba empobreciéndose.
Seguiremos trabajando para que nuestras aulas sigan siendo ese primer lugar donde alguien descubre que puede llegar a ser lo que aún no sabe que es. Porque educar no es solo enseñar, es sembrar y la cultura, regar. Una simbiosis que cada día nos hace más fuertes, más humanos, más personas.
Y mientras haya docentes dispuestos a sembrar cada día y Avuelaplumas que rieguen la cultura de nombres propios, el talento dejará de ser germen para convertirse, por fin, en cosecha.

































