Chloé Bird, Premio Avuelapluma Música

Chloé Bird, Premio Avuelapluma Música

Compositora, cantante, pianista, actriz… ¿Cómo defines hoy lo que eres o ya has dejado de intentar definirlo?

No me cuesta menos definirme ahora que hace treces años, cuando empecé a dedicarme de manera profesional a la música. Sí que creo que he conseguido ser menos grandilocuente en la definición, porque creo y defiendo cada vez más que mi trabajo es algo artesanal y pequeño.

Lejos del glamour y los focos, solo soy alguien que hace canciones y comparte esas emociones con quienes escuchan. 

Dices que El surco de los días, tu último trabajo discográfico, es “lo más honesto que has hecho hasta ahora”. Con siete discos a las espaldas, ¿qué ha hecho falta vivir para llegar a esa honestidad?

Debería reconocer que esa frase ha acompañado a casi todos mis lanzamientos… La honestidad es una palabra que tiene mucha importancia en mi cotidianidad y con ella intento sostener todos mis trabajos; es esa palabra también la que me permite irme tranquila a la cama cada día.

Pero es cierto que los años pasan (y pesan), y vamos cargando en nuestra mochila todas las cosas que nos van sucediendo. Las bellas y las que no lo son tanto. Mis alegrías y mis tristezas no son diferentes a las que sienten gran parte de la población. Y ese creo que, al final, es mi trabajo: verter en mis canciones mi forma de entender y no entender el mundo… y que esa visión pueda coincidir o hacer un pequeño ‘click’ con otra persona. 

Lo grabaste entre Granada, Valencia y Cáceres, tu hogar. ¿Qué le dejó cada ciudad al disco?

El disco fue compuesto en Cáceres durante un año, aproximadamente. Diría que a lo largo de 2024. Yo acababa de ser madre hacía unos meses, así que estaba en un proceso muy introspectivo, intentando encajar las piezas de un puzle que me abrumaba en muchos aspectos.

En Granada vive Raúl Bernal, el productor del disco, aunque él es murciano. Allí pasamos una primera semana de grabación y producción del álbum. Luego trabajamos mucho a distancia.

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Un galardón como este supone una pequeña toma de tierra, como un abrazo

En Valencia, estaba Edu Olmedo, que grabó las baterías del disco, y el estudio donde las grabamos, Hive Recording Studio, con Rafa Sánchez como técnico de grabación. Realizamos las sesiones de forma telemática. 

No teníamos ni idea de cómo iba a funcionar esta forma de trabajar, porque todos consideramos que la música tiene un elemento muy importante de relación con otras personas. Aunque echamos en falta compartir más tiempo bajo el mismo techo, resultó ser un éxito. La composición y grabación de un disco es un proceso tan personal, visceral y con un aire tan viciado en muchos casos que no es tanto dónde ni cómo lo grabes, sino con quién.

Durante años cantaste en inglés. Ahora el castellano. ¿Fue una decisión consciente o simplemente un día las palabras salieron así?

Después de The light in between (2018), mi último disco en inglés, estuve un año y medio sin componer nada. Eso, para alguien que se dedica a hacer canciones, es muchísimo tiempo. Cuando recuperé las ganas de sentarme delante del piano, salió una canción en castellano. No fue premeditado, simplemente surgió. Desde entonces, no he vuelto a componer en inglés. No reniego de esa etapa anglosajona, en absoluto, simplemente creo que esta nueva ha nacido de una necesidad de comunicarme en mi lengua. Es posible que tenga que ver con la honestidad de la que hablábamos antes. Escribir en otro idioma, inevitablemente, generaba en mí una distancia -por otra parte, entonces, buscada- entre mi faceta de compositora y la de intérprete. Ahora esas dos partes van unidas.

Has tocado en WOMAD, en Bilbao, en Colombia… pero sigues aquí. ¿Quedarse en Extremadura es una elección o una declaración de principios?

Siempre he defendido la creatividad desde la periferia. Es una declaración de principios, porque es demencial que parezca que todo tiene que pasar en las capitales, pero también responde a mi forma de ser: no creo que hubiese sobrevivido a una gran urbe.

Tampoco romantizo vivir aquí. Hay que ser muy valiente para marcharse, pero también hay que serlo para quedarse. Extremadura me enraíza y permite mi expansión en aspectos muy importantes a nivel personal, pero a nivel profesional también supone un hándicap y una barrera a veces invisible con el resto de territorios.

Recibes el Premio Avuelapluma 2026 en tu mejor momento. ¿Es este galardón la confirmación de que tus raíces son el mejor lugar para seguir floreciendo?

Es tal el desgaste energético y emocional que siento cada vez que lanzo un disco, que a veces me cuesta tener perspectiva de en qué momento me encuentro, pero agradezco que lo veas así, aunque al mismo tiempo me produzca cierta extrañeza. 

Entiendo el trabajo, la constancia y la resiliencia como pilares fundamentales del camino tan empedrado que resulta dedicarse a la música. Así que, cuando una percibe cierta disociación entre cómo se siente y su trayectoria, un galardón como este supone una pequeña toma de tierra, como un abrazo. Recibirlo en mi ciudad y compartirlo con referentes a los que admiro profundamente es todo un honor y un impulso para seguir haciendo lo que amo.

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