Marce Solís, agitador cultural

¿Qué sentiste hace 20 años cuando viste nacer un periódico cultural como Avuelapluma en una ciudad como Cáceres?

Sentí esa mezcla de interés y alegría, especialmente por ser un medio que llevaba como subtítulo la palabra cultura.

En una ciudad como Cáceres, donde la cultura muchas veces ha sobrevivido más por insistencia que por estrategia, demostraba que había otra manera de contar la cultura.

Fundaste LaBoTiKa en un momento clave para el teatro regional. ¿Cómo crees que ese espíritu que teníais entonces ha influido en la escena que vemos hoy?

Ni por asomo pensábamos que estábamos haciendo “historia”. Íbamos a lo nuestro por diversión, por experimentación y, a veces, por puro placer de provocar. Todo estaba por hacer, y eso nos daba una libertad algo peligrosa pero maravillosa.

¿Qué crees que ha ganado y qué ha perdido la cultura cacereña en el camino en las últimas dos décadas?

Ha ganado en profesionalización y eso es muy importante para la dignidad de los creadores y de sus obras. Pero al mismo tiempo se ha perdido parte de aquella energía más salvaje y más imprevisible, que no respondía a convocatorias ni a líneas de subvención. Había riesgo, había exceso y había una relación directa con la gente, sin filtros.

Hoy, en cambio, todo está un poco más ordenado. Y cuando la cultura se ordena demasiado, corre el riesgo de volverse previsible.

Echo de menos la idea de que la cultura no está solo para funcionar, sino para incomodar y cuando deja de incomodar, solo vale para decorar.

Tú que impulsaste fanzines como El Machacón, ¿cómo ves que un proyecto como Avuelapluma haya aguantado 20 años en la calle?

El Machacón fue más un órgano puntual del café La Machacona. Rita nació de una necesidad casi biológica: querías contar algo, no tenías altavoz, y te lo fabricabas. Duraban lo que duraba la energía, o el dinero para fotocopias, pero mientras existían, eran muy auténticos.

Por eso que un proyecto como Avuelapluma haya conseguido me parece casi un ejercicio de funambulismo. Lo difícil no es solo empezar siendo libre, sino es seguir siéndolo cuando empiezas a durar.

En estos 20 años, ¿crees que se ha conseguido que el arte sea algo cotidiano para Cáceres?

La profesionalización del arte no ha logrado que sea una experiencia cotidiana real. Mientras la cultura auténtica y transgresora sobrevive en los márgenes (calles y bares), las instituciones la gestionan con una visión puramente económica y turística. Ahora de nuevo quieren ser Capital Cultural de Europa, igual que en 2016. Ese título no se gana con un proyecto puntual, sino con trayectoria, con memoria, con trabajo de hormiga.

Al menos, así lo entiendo yo: la cultura no se improvisa, se merece. Y se cuida.

Mirando estos años de carrera, ¿en cuál de todos esos «Marces» te reconoces más hoy en día?

“Todos esos Marces” suena a colección de cromos. Si mi amigo y hermano Bola hubiera oído esto habría dicho con humor que parezco la muñeca Barbie. Uno no sabe muy bien si ha tenido muchas vidas o si ha ido repitiendo la misma con distintos disfraces.

Pero hoy el que más me llena es el de activista por los Derechos Humanos y las personas refugiadas. Utilizo las herramientas que tiene la cultura para intentar combatir las injusticias y el recorte de derechos.

Artículo anteriorEducar es sembrar talento y regarlo con cultura
Artículo siguiente“Las pantallas no deben ser la forma de comunicar”

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí