Julio Núñez, Premio Avuelapluma Libertad de Expresión

Julio Núñez, Premio Avuelapluma Libertad de Expresión

Llevas desde 2018 investigando la pederastia en la Iglesia. ¿Qué es más difícil de gestionar: el silencio de la institución o el impacto emocional de escuchar a las víctimas?

Aunque son dos cosas que se retroalimentan, escuchar durante años las historias de tanta gente (unas 600 personas) me ha causado un daño psicológico del que difícilmente me repararé por completo. No solo son los relatos de los abusos, sino la revictimización constante que siguen sufriendo los afectados, en muchos casos, ante la pasividad de la Iglesia y, hasta hace poco, del Estado. Reparar ese impacto emocional solo se puede hacer con ayuda psicológica y con el apoyo de la familia, amigos y compañeros. Afortunadamente, nunca he estado solo.

¿Tu trabajo motivó la apertura de una investigación oficial en el Congreso español? ¿Cuándo te diste cuenta de que lo que estabas haciendo había dejado de ser un reportaje para convertirse en algo más grande?

Siempre hemos pensado que lo que hacíamos era importante, que era algo más que una investigación. Las víctimas nos lo decían cuando publicábamos sus historias, a pesar de que ni la Iglesia ni el Estado abordaban el problema. Sí es verdad que todo cobró una nueva dimensión cuando, en diciembre de 2021, entregamos en mano al papa Francisco un informe con 251 casos inéditos. Todos los medios, también del extranjero, dieron la noticia. La Iglesia se vio obligada a afrontar una investigación sin precedentes y el Congreso a tomar una decisión. Esto último desembocó que, por mayoría absoluta, encomendase una investigación al Defensor del Pueblo. De ese estudio salen los pilares sobre los que ahora el Gobierno y la Iglesia han construido un plan de reparación para las víctimas. Sin la investigación de EL PAÍS nada de esto hubiera ocurrido. Fue un trabajo conjunto de un equipo de periodistas que coordiné junto a mi compañero Íñigo Domínguez. Aún no ha terminado. Mientras el mundo gire, seguiremos escuchando a las víctimas. 

Tu libro Padre Pica es un ejercicio de memoria y justicia. ¿Sientes que el periodismo de investigación es, a veces, la única vía de reparación que les queda a quienes han sufrido abusos?

No solo el de investigación. El buen periodismo es la única vía para muchas personas, especialmente aquellas que han sufrido agresiones sexuales en la infancia. La mayoría de sus casos están prescritos y no pueden denunciar. La conciencia de haber sido abusado siendo un niño llega normalmente hasta pasados los 30 años, cuando ya es demasiado tarde para ir a los tribunales. Aunque las víctimas tengan pruebas (como cartas de los obispados y órdenes reconociendo lo que sufrieron), el camino para ser reconocidas como tales y reparadas está plagado de piedras. Cuando publicamos los primeros reportajes destapando el escándalo, los obispos negaban que fuera cierto, hablaban de que solo eran “unos pocos casos” y se negaban investigar y a pagar indemnizaciones, incluso a personas que habían sido violadas durante años por clérigos que aún siguen vivos. 

comillas
Mientras el mundo gire, seguiremos escuchando a las víctimas

La Iglesia solo ha reaccionado a golpe de titular. Un ejemplo fue el diario de Alfonso Pedrajas, lo que cuento en el libro Padre Pica. Fernando, sobrino de este jesuita, encontró las memorias de su tío jesuita donde admitía haber agredido sexualmente de al menos 85 niños en varios colegios de Cochabamba (Bolivia) donde se fue, desde Valencia, con 18 años como misionero. Pero no solo eso, su tío admitía como sus superiores lo protegieron hasta que falleció en 2009. Ese diario viajó a España tras su muerte, Fernando lo encontró y quería que las víctimas tuvieran justicia. Lo entregó a los tribunales, pero estaba prescrito en España. Escribió a los jesuitas en Bolivia, y no obtuvo respuesta. 

Solo confiaba que EL PAÍS pudiera destapar la verdad. Yo tardé nueve meses en investigar ese caso. Cuando se publicó en abril de 2023, la Fiscalía de Bolivia abrió una investigación. Hasta el presidente del gobierno boliviano dio una rueda de prensa y escribió al papa. También provocó una cascada de denuncias contra otros misioneros. Tres años después, dos de los encubridores han sido condenados a un año de cárcel en Cochabamba y las víctimas están en camino para reclamar su indemnización. El periodismo, a veces, mantiene viva la esperanza de justicia. 

La investigación te valió el Premio Ortega y Gasset en 2022. ¿Qué cambia en un periodista cuando un trabajo así recibe ese reconocimiento?

Nada, en realidad. En nuestro caso fue un reconocimiento, no solo a nuestro trabajo (a fecha de hoy hemos destapado 1.571 acusados y casi 3.000 afectados), sino a las víctimas. A las personas que dieron un paso adelante y nos escribió para que investigáramos la verdad del escándalo. Nos dio para seguir con esa tarea. 

El periodismo de investigación necesita tiempo, recursos y redacciones que lo respalden. ¿Cómo está de salud ese periodismo en España hoy?

Está luchando contra varios virus: la precariedad, la desinformación, intervencionismo político…. Y otros tantos. Pero resiste a morirse. Creo que una parte de la sociedad sigue valorando el buen periodismo, que no es solo el de investigación, sino el que se hace bien, el que informa qué está pasando y por qué está pasando. Ya sean grandes reportajes que revelan lo que algunos luchan para que no se cuente, o artículos culturales, agenda social, etc. Por eso es importante medios como Avuelapluma, ventanas donde asomarse para ver qué se cuece en las calles. 

Tras años enfrentando presiones y silencios incómodos, ¿es este Premio a la Libertad de Expresión la prueba de que, al final, la verdad siempre es más ruidosa que el miedo?

La verdad es como una salamanquesa, una de esas lagartijas escurridizas que cuesta horrores agarrar con la mano. No chilla y a veces muerde. Pero no tenemos otra alternativa, cada mañana, tanto los periodistas como lectores, tenemos que intentar capturarla para sostener el sistema democrático. Porque sin el periodismo independiente, no hay democracia. El miedo es difícil de erradicar, hay que convivir con él. Los premios Avuelapluma nos dan fuerzas para pasar por encima de él para agarrar con fuerza la verdad. Nos enseñan que, a pesar de tener miedo, no debemos ser cobardes.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Titan Security to reduce spam. Learn how your comment data is processed .