Iris Jugo, coordinadora Consorcio Cáceres 2031
Si echas la vista atrás, hace 20 años, ¿dónde estaba Iris Jugo y qué relación tenía entonces con la cultura?
Hace veinte años estaba en Manchester, en el Royal Northern College of Music, terminando mi máster en música y performance, después de haber estudiado previamente en Rotterdam. Ese recorrido me dio una visión profundamente internacional, muy marcada por un sentimiento europeísta más que por una idea de identidad nacional. Era un momento de apertura, de convivencia con artistas de distintas procedencias, donde la cultura se vivía como un lenguaje común. Mi relación con la cultura era entonces muy artística, muy centrada en la práctica, pero ya empezaba a intuir algo que hoy es central en mi trabajo: que el ser humano tiene un enorme potencial creativo y que ese potencial, cuando se conecta con otros, puede generar algo mucho más grande que la suma de las partes. Con el tiempo, esa intuición se ha convertido en una forma de entender la cultura como espacio de encuentro, de liderazgo y de transformación social.
Hoy coordinas la candidatura de Cáceres como Capital Europea de la Cultura 2031. ¿Cuál es el mayor reto al que te enfrentas en este momento?
El mayor reto es convertir una visión ambiciosa en una realidad tangible, manteniendo al mismo tiempo la coherencia del proyecto. Estamos en una fase en la que conviven la construcción del relato, la activación de iniciativas y la gestión operativa, y todo ello tiene que responder a una misma idea de fondo: que Cáceres puede ser un espacio de encuentro europeo desde la cultura.
En ese sentido, la transcultura es el concepto que articula la candidatura. No hablamos solo de intercambio, sino de procesos de transformación compartidos, donde lo local dialoga con lo europeo y genera algo nuevo. El reto es que esta idea no se quede en el discurso, sino que se materialice en proyectos reales, en dinámicas de trabajo y en una forma distinta de entender la cultura.A esto se suma otro desafío fundamental en el contexto de Extremadura: cambiar la mirada. Este proyecto no va de pedir, sino de dar. No es una candidatura centrada en la financiación, sino en la construcción de un proceso a largo plazo que se inserta en Europa. Implica pasar de una lógica más individual, donde cada uno busca su propio espacio, a una conciencia colectiva y supranacional, basada en la generosidad, en lo compartido y en la pertenencia a un proyecto común.En última instancia, el reto es profundamente humano: alinear sensibilidades distintas hacia una visión común sin perder la autenticidad del proceso.
Cáceres aspira a ser Capital Europea de la Cultura. ¿Qué la hace diferente frente a otras ciudades candidatas?
Cáceres no compite desde la escala, sino desde la profundidad. Su mayor valor está en la capacidad de articular una propuesta que conecta lo urbano y lo rural, lo patrimonial y lo contemporáneo, desde una relación muy viva con el territorio.
En el contexto actual, también es importante entender qué tipo de ciudad puede y debe asumir una capitalidad cultural. Hay ciudades que ya están profundamente tensionadas por el turismo, donde una Capital Europea de la Cultura podría suponer una presión aún mayor sobre un tejido urbano y social que está al límite. Otras, en cambio, se sitúan en una periferia tan extrema que su accesibilidad depende casi exclusivamente del avión, lo que en el momento actual plantea interrogantes importantes, no solo en términos de sostenibilidad, sino también de acceso, porque puede derivar en una capitalidad más elitista, reservada a quienes pueden permitírselo.
Cáceres se encuentra en un punto intermedio muy interesante. Tiene capacidad de acogida, es ya un destino cultural reconocido, pero no está saturada. Esto permite trabajar desde una lógica distinta, no de crecimiento descontrolado, sino de apertura progresiva y cuidada hacia Europa.Y ahí es donde la transcultura cobra sentido. No se trata solo de atraer, sino de dialogar, de generar intercambios reales, de abrir el ecosistema cultural para que ese encuentro con Europa sea bidireccional. Cáceres no busca imponerse ni convertirse en un producto, sino consolidarse como un espacio de relación, donde lo local se transforma en contacto con lo europeo sin perder su esencia.
Este proyecto no va de pedir, sino de dar
Desde tu posición, tienes una visión privilegiada del ecosistema cultural. ¿En qué punto se encuentra hoy la cultura en Cáceres?
La cultura en Cáceres está en un momento de transición. Existe un tejido real y una base sólida, pero con necesidad de mayor articulación y continuidad.
La candidatura está actuando como catalizador, conectando agentes, generando redes y ayudando a ordenar lo que ya existe. Al mismo tiempo, hay una gran oportunidad en la relación con el territorio y en su proyección europea.Estamos, en definitiva, en un punto de inflexión, con identidad y talento, pero con el reto y la oportunidad de consolidarse como un ecosistema más conectado y estructurado.
Los proyectos culturales suelen debatirse entre lo institucional y lo independiente. ¿Cómo se equilibra esa relación en una candidatura como esta?
En este caso, el equilibrio es especialmente interesante. Aunque el proyecto se articula desde un consorcio que integra distintas miradas políticas, existe algo que considero privilegiado: no hay injerencia política directa en el contenido delproyecto. Hay un acuerdo común de apoyo, una base compartida que permite trabajar con estabilidad sin imposiciones. Partimos de un contexto de respeto poco habitual.Eso hace que lo institucional funcione como lo que debe ser, una estructura, una plataforma que sostiene y facilita. No dirige el contenido, sino que lo hace posible.
Y, en paralelo, lo independiente está muy presente. Se refleja en la diversidad de artistas con los que trabajamos, de distintas nacionalidades, creencias y miradas, y también en el propio equipo de la candidatura, que es al mismo tiempodiverso y cohesionado. No es una suma homogénea, sino una construcción plural.
En ese cruce aparece de nuevo la transcultura, un espacio donde lo institucional y lo independiente no compiten, sinoque se transforman mutuamente para generar algo nuevo.
Un proyecto de este calibre necesita implicar a la ciudadanía. ¿Cómo se está trabajando para queCáceres 2031 no sea solo un proyecto institucional, sino colectivo?
Desde el inicio se han generado los llamados diálogos por la capitalidad, que han funcionado como verdaderosespacios de encuentro. Han permitido escuchar, conectar y empezar a construir una base compartida, especialmente en la ciudad de Cáceres.
En esta nueva fase, ese trabajo se va a ampliar territorialmente, con especial atención a la zona sur de Extremadura y ala sierra Cacereña, entendiendo que la candidatura no puede quedarse en el centro urbano. A ello se suman los encuentros con los nuevos gestores culturales incorporados a través de la Diputación de Cáceres, que van a ser clave en la articulación del territorio.
Además, se están activando distintas líneas, el trabajo con jóvenes a través de Generación 31, el programa de artistasmediadores que se presentará en junio y la puesta en marcha de la Oficina de Activación Cultural en el Palacio de la Isla, que funcionará como un punto físico de referencia.A esto se suman herramientas abiertas como la web, donde cualquier persona puede implicarse como voluntario, participando en open calls o acercándose directamente a los espacios de trabajo.
Se están creando, por tanto, múltiples mecanismos de participación. El reto ahora es otro, que la ciudadanía losreconozca como propios, que se habitúe a verlos no como iniciativas externas, sino como verdaderos lugares de encuentro.
Si miras más allá de 2031, ¿qué legado te gustaría que dejara este proyecto en la ciudad?
El legado no es algo que ocurra después, es algo que ya estamos construyendo. Más allá de los más de 100 millones de euros presupuestados para inversión en estructuras en toda la región, que sin duda dejarán una huella tangible, el verdadero legado es otro.El legado es la transcultura. Es una manera distinta de entender la cultura como espacio de relación, de intercambio y de transformación con su origen en la Transhumancia. Y, de hecho, ese legado ya se está anticipando, estamos trabajando en la conexión con otras redes, con otras ciudades europeas y también con redes como las de la UNESCO, generando vínculos que van más allá de la propia candidatura.
En el fondo, el legado es una manera de habitar el mundo. Una forma diferente de situarse desde lo local, pero en diálogo constante con lo global, con Europa, con otras realidades.Lo importante es que todo eso permanezca, que las redes, las dinámicas y las formas de trabajo que estamos impulsando no desaparezcan, sino que se consoliden en el tiempo.
Porque el verdadero legado no son los eventos, sino las capacidades que quedan en el territorio, las personas, las conexiones y la manera de hacer.
Avuelapluma cumple 20 años acompañando la cultura desde lo independiente. ¿Qué papel crees que tienen hoy los medios culturales en el desarrollo de iniciativas como esta?
Los medios culturales tienen un papel fundamental porque no solo informan, sino que construyen relato y generan contexto. En un proyecto como Cáceres 2031, eso es clave, necesitamos espacios que no se queden en la superficie, que acompañen los procesos y que ayuden a entender lo que está ocurriendo.
Además, los medios independientes aportan algo especialmente valioso, una mirada crítica, cercana y comprometida con el territorio. Son capaces de conectar con la ciudadanía de una manera que a veces las estructuras institucionales no logran.
En ese sentido, proyectos como Avuelapluma no solo cuentan la cultura, sino que forman parte de ella. Son agentes activos que ayudan a que iniciativas como esta no sean solo institucionales, sino realmente vividas y comprendidas por la sociedad.

































