Ana M. Torres Arquitectura del fango es un diálogo con el Génesis

Entrevistamos a Ana María Torres, poetisa ganadora del premio Flor de Jara, de Diputación de Cáceres, con el poemario ‘Arquitectura del fango’, una reflexión sobre el origen del mundo y la conciencia del sapiens, la realidad, lo cotidiano y la labor de la poesía en la sociedad.

 

¿Qué ha supuesto para ti ganar el premio Flor de Jara?

Este premio ha sido motivo de una gran alegría no solo para mí sino también para Polimnia 222, el taller de poesía en el que me he formado como poeta. Fue increíble, porque no ocurre todos los días que puedas escuchar en tu propio teléfono la voz de un poeta al que admiras, Antonio Colinas, y que te comunique que has sido merecedora de un premio tan importante como es el Flor de Jara de poesía. Fue, además, muy emocionante porque pude compartir la noticia con los poetas y compañeros que nos encontrábamos reunidos en ese momento y recibir el abrazo de Pilar Verdú, guía y norte del taller en la actualidad.

Además de la satisfacción personal, este reconocimiento va a suponer una mayor visibilidad de mi quehacer poético y un estímulo para continuar este camino.

Dicen que los libros solo lo son cuando se leen, pues bien, el hecho de saber que ‘Arquitectura del fango’ ha tenido como lectores a Antonio Colinas, Efi Cubero, Antonio María Flórez y a Basilio Sánchez, que me cautivó con ‘He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes’, es ya, en sí mismo, un gran premio.

Además de poetisa, eres farmacéutica ¿se nota eso en tus letras?

La labor farmacéutica no está exenta de creatividad. Es un largo camino en el que poco a poco, con trabajo y esfuerzo, logras tu sello personal, como la voz del poeta. En el fondo haces lo que hacen otros compañeros, pero de una forma particular. Sucede igual en la poesía, ya que tienes que buscar y encontrar la manera de decir diferente y con un estilo propio. Por ejemplo, cuando creas una marca de cosmética has de ser creativa dentro de una fórmula cuantitativa y cualitativa o en el campo de la nutrición, al elaborar dietas, tienes que medir y calcular calorías, pero no puedes hacer una dieta aburrida porque eso supone el abandono de la misma. Salirte del molde métrico implica el uso de otros recursos para conseguir el ritmo, pero en todos los casos la creatividad y sensibilidad es muy importante, hay que escuchar el mundo con ojos atentos para llevarlo al poema. Algo así es lo que hacemos en nuestro trabajo farmacéutico cuando atendemos, día a día, a las personas que se acercan hasta nosotros, escuchar para comprender.

¿Cómo ha sido el proceso creativo de Arquitectura del fango?

Con ‘Mulier sapiens’, mi anterior poemario, quise buscar la voz de la mujer a lo largo de las distintas etapas de la evolución humana, un recorrido que en algunos momentos me llevó hasta el cristianismo y la Biblia misma. Seguramente desde ahí surgió ‘Arquitectura del fango’. Me fui hasta su origen y comenzó un diálogo con el Génesis, y esta andadura contra lo escrito. Pero no es un poemario autobiográfico, porque uno no escribe sobre sí mismo, el poeta dota de expresión estética sentimientos o ideas que no son propios sino de todos. Y eso es lo que hace ‘Arquitectura del fango’, reflexionar sobre la creación del mundo desde el instante mismo de conciencia y sobre la responsabilidad que tiene el sapiens en este viaje.

En tu obra hay espacio para la crítica social con ciertos toques de surrealismo ¿crees que el arte debe estar comprometido con los problemas de su tiempo?

El poeta escribe sobre lo que ve y vive, es el asombro de lo cotidiano lo que exterioriza, y lamentablemente la cotidianidad está plagada de problemas e injusticias. Se puede escribir sobre muchas cosas, pero no podemos vendar la realidad.

¿Cuál es la forma métrica en la que te sientes más cómoda?

Dentro de la versificación libre, que es la que conforma mis poemas, en la que el ritmo atiende a elementos de tipo sintáctico, fonológico e incluso semántico, sí que es cierto que en la irregularidad silábica de los versos hay un predominio en el uso de heptasílabos, endecasílabos, alejandrinos y otros de número impar, que podrían recordar a la silva. En Arquitectura del fango, ese diálogo con el Génesis es lo que posiblemente me ha llevado al uso del versículo en algunos apartados, quizás porque se amoldaba mejor a la concentración expresiva que necesitaba. Un tipo de versificación, el versículo, utilizado por Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Luis Rosales o Antonio Gamoneda, poetas a los que regreso una y otra vez y siempre me acompañan.

Para terminar ¿estás trabajando en algún poemario actualmente?

Sí claro, cuando acabo un poemario, empiezo a pensar en el próximo, en la estructura, en el tema, así que inicio un trabajo de investigación, de lecturas y luego llegan los poemas. Porque estos no comienzan cuando se escriben, sino que se incuban en la búsqueda, en la experiencia, en el campo semántico alrededor del cual fragua el tema. Para mí, escribir un poemario, es un largo camino de disfrute y de pequeños pasos.

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