Historias de Plutón
José A. Secas

No hay nada como encontrarse con sorpresas en los cajones. En estos tiempos que vivimos a la fuerza, eso se da más a menudo de lo que antes era normal. Claro, la nueva normalidad no se parece nada a la antigua. He encontrado un fantasma. Las redes sociales -el reflejo de la vida sobreactuada- nos sacan a relucir las pequeñeces de nuestras individualidades y nos afligimos al comprobar que solo tenemos dos temas de conversación y cuatro colectivos mal contados, bregando en primera línea de playa, para sentirnos orgullosos o avergonzados; los demás (la masa, la plebe, el pueblo llano) no estamos ni se nos espera. La precariedad para muchos, es el regocijo para los que medran en los procesos de toma de decisiones o se esconden con las despensas y los bolsillos llenos. Tanto mudo con megáfono, me aturrulla. Tanto tonto adulado, me aterra. Tanto sabio escondido o callado, me apena. Uno tras otro, van cayendo principios, planes estratégicos, previsiones, ilusiones y demás depósitos a futuro, en una especie de sumidero que absorbe tu pobre cerebro tele-atacado. Y tú, ahí, solino, entre cuatro paredes o detrás de un bozal, enfrentándote a la vida imprevisible y cuesta arriba. Oiga, deme (se me ocurre) cuarto y mitad de cruda realidad, por favor. ¿Para tomar o para llevar?. Creo que me la voy a meter aquí y ahora. Vía rectal. En el discurso que salga luego de su boca, prometa que no introducirá palabras bélicas, soeces ni malsonantes, que no juzgará a nadie, que no se quejará y que tratará de contar la realidad que ve -debería ver- como si de un periodista decente se tratase. Y todo esto porque en un disco duro y seco como una castaña pilonga, ha aparecido una carpeta con una idea de hace muchos años que no se hizo realidad. Una más. En la historia de la humanidad, ¿cuántas -buenas- ideas se habrán quedado en el limbo? Estar encerrado en casa -libremente- más de la cuenta, es tan divertido como decidir tu encierro con libertad. Esa libertad, tan bien amaestrada, que nos ofrece la caja tonta. Se me acumulan hechos y situaciones tan absurdamente peregrinas como estúpidamente ininteligibles. Nos empeñamos en diluirnos en los grises y, en este momento, solo te puedes permitir jugar al blanco y al negro o al rojo y al negro, si toca al azar. Alternativa o simultáneamente. A elegir. En un extremo estás tú con tu hermosa y singular existencia, tu potente conciencia, tu ego, tu alter-ego, tu yo, tu otro yo, tu subconsciente, tú mismo y tu propio mecanismo. En el otro extremo está la humanidad (diminuta en la historia del Universo) donde tú y los que son como tú (todos, todos) suponéis -suponemos, con humildad- lo mismo en su historia que un grano de arena en un desierto. No somos nada individualmente pero lo somos todo (y parte) tomados como unidad. Se llama capacidad de abstracción y perspectiva. Puedes estar en la inopia o al cabo de la calle; eso, también. Es cuestión de ponerse. No es lo mismo poner que deponer. Ocurre que la realidad supera la ficción y no estábamos preparados para que la vida real imitase a un película de serie B o a una pesadilla de mala digestión. Ahora hay palabras que se han olvidado y otras que se han puesto de moda. Ya no se chocan los cinco, no se pasa al compañero, no rulan los chiris ni se empuja en la cola del cine. Ahora se cuentan muertos, bulos, suministros y depresiones. El gazpacho ya ha llegado, el rey se ha ido y a muchos no le importa lo uno ni lo otro. Las cornetas y tambores esta vez no pudieron con el silencio denso. Los columpios se llenan de polvo y de ausencia día tras día. Algunos se empeñan en ser lo que no son, otros en lo que quieren ser, unos pocos no se empeñan, muchos pasan, se dejan arrastrar o languidecen como flores en un florero. Las pautas son para quienes las necesitan. Repita, por favor: en casita, lo mejor. Busque la frase ganadora y compártala. Si eres de Cáceres canta “rebrote, rebrote, vuelvo a rebrotar, con este rebrote, me vas a matar, me vas a matar, me voy a morir, con este rebrote, vuelvo a repetir…” Mejor, olvídalo, no tiene importancia. Hoy no ha sido un buen día. Las altas temperaturas derriten las neuronas. Va a ser eso.

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