Miguel Ángel Morales, presidente Diputación de Cáceres
Si echamos la vista atrás, cuando comenzó Avuelapluma en marzo de 2006, ¿cuál era su relación con la cultura, cómo descubrió la publicación y qué papel ocupaba entonces en su trayectoria personal y profesional?
En 2006 ya estaba en la Diputación de Cáceres, aunque en una delegación muy distinta al ámbito cultural, vinculada a Fomento y Obras. Aun así, recuerdo perfectamente aquellos primeros años de Avuelapluma. Entonces era un periódico impreso y aquí, en la Diputación, lo recogíamos en aquellos soportes metálicos donde se distribuía.
Además, tengo un recuerdo muy cercano de aquella etapa por la relación personal con Conrado Gómez y con su padre, Juan Gómez, que fue jefe de servicio de la Diputación Provincial. Juan era una persona extraordinaria, un gran comunicador y alguien muy querido dentro de la institución. A través de ellos empecé a seguir muy de cerca el proyecto de Avuelapluma.
Desde el principio percibimos que era un medio diferente, con una mirada propia sobre la cultura y la actualidad de Cáceres y Extremadura. Y mantener esa personalidad durante veinte años tiene muchísimo mérito.
En estas dos décadas, ¿cómo ha evolucionado el papel de la cultura en la provincia de Cáceres y qué cambios destacaría como más relevantes?
La evolución ha sido muy importante. La Diputación de Cáceres siempre ha entendido la cultura como algo estratégico. Recuerdo especialmente el papel de la Institución Cultural El Brocense, impulsada inicialmente por Manolo Vega y posteriormente por personas como Pilar Merchán, que defendieron la cultura no solo como motor de desarrollo humano, sino también económico.
También recuerdo especialmente la etapa de Silvia González Gordillo, que llegó como diputada de Cultura de la mano de Juan Andrés Tovar y que posteriormente asumiría la gerencia del Gran Teatro. Silvia tenía una enorme sensibilidad hacia la cultura y una firme convicción sobre la necesidad de invertir en ella. Fue una etapa en la que se apostó claramente por reforzar la actividad cultural en la provincia.
Entre 2011 y 2015, durante la etapa de Laureano León, la Institución Cultural El Brocense perdió peso como organismo propio, algo que considero que fue un problema importante. Posteriormente se volvió a recuperar esa visión estratégica de la cultura y su papel dentro de la Diputación.
Hoy existe una conciencia mucho más clara de que la cultura genera oportunidades, dinamiza el territorio y proyecta la imagen de la provincia. En esta legislatura hemos querido reforzar especialmente esa idea: llevar la cultura a todos los municipios, trabajar con las mancomunidades y ayuntamientos y entender que la actividad cultural no debe quedarse solo en las grandes ciudades.
Cáceres y su provincia han demostrado una gran capacidad para generar eventos culturales de referencia. ¿Qué importancia tienen estos proyectos en la cohesión territorial y el desarrollo económico?
Son fundamentales. La Diputación está muy implicada en gran parte de los grandes eventos culturales que se desarrollan en la provincia y en la capital, colaborando con la Junta de Extremadura y los ayuntamientos. Pero además hay un trabajo menos visible que tiene un enorme valor territorial. Desde el área de Cultura se impulsan programas vinculados al folclore, al teatro, a la música, a los certámenes culturales o a la promoción de tradiciones populares en toda la provincia.
También hay iniciativas muy importantes que muchas veces pasan desapercibidas, como el apoyo permanente a las bibliotecas municipales para que puedan renovar y ampliar sus fondos. Puede parecer algo pequeño, pero en un municipio de 400 habitantes tener una biblioteca viva es importantísimo.
Del mismo modo, se trabaja mucho en la recuperación de la memoria local, apoyando publicaciones sobre la historia de los municipios, cronistas oficiales o proyectos vinculados a la identidad de los pueblos. Todo eso genera autoestima, identidad y también actividad económica.
En una provincia tan extensa como Cáceres, donde más del 60% de los municipios tienen menos de mil habitantes, estos proyectos son esenciales. Un museo etnográfico, un centro de interpretación, una ruta patrimonial o un pequeño festival quizá no generen grandes cifras de turismo, pero sí consiguen movimiento económico y ayudan a mantener población. Si un pueblo logra atraer visitantes, aunque sean pocas decenas cada semana, eso beneficia a los bares, a las casas rurales, a los restaurantes y a los pequeños negocios. Además, esos proyectos ayudan a reforzar la identidad local y a que la gente sienta orgullo de su territorio. Y eso también es desarrollo.
Uno de los proyectos por los que la Diputación ha apostado especialmente es Festivalino, el festival más pequeño del mundo. ¿Qué representa un evento así para la provincia?
Festivalino es un ejemplo extraordinario. Fue una idea magnífica de José Vicente Granado y ha conseguido una dimensión que hace años parecía inimaginable. Lo importante no es solo el festival en sí, sino todo lo que genera alrededor: movimiento económico, visibilidad para el municipio y una enorme implicación vecinal. Se ha convertido en un símbolo de cómo la cultura puede transformar un pueblo pequeño y darle proyección exterior.
Además, estos proyectos generan algo muy importante: autoestima colectiva. Cuando un pueblo es capaz de organizar un evento cultural reconocido, eso crea orgullo y también anima a otros municipios a impulsar nuevas iniciativas. Ha ocurrido con Festivalino, con Lagarto Music o con el Magusto de Carbajo. Son proyectos diferentes, pero todos comparten la capacidad de convertir la cultura en identidad y oportunidad.
La Diputación ha trabajado mucho en la promoción del turismo cultural y de espacios vinculados a la UNESCO o a territorios naturales. ¿Qué estrategias considera fundamentales de cara al futuro?
La clave está en mantener y seguir desarrollando todo lo construido durante estos años. Espacios como el Tajo Internacional, Monfragüe o Villuercas-Ibores-Jara tienen un enorme potencial cultural, turístico y medioambiental. Ahora el reto es seguir generando actividades alrededor de esos territorios: eventos culturales, iniciativas deportivas, intercambios con Portugal, proyectos vinculados al patrimonio, la literatura, la música o las tradiciones populares.
También es muy importante que la población se identifique con esos territorios y los sienta como una oportunidad de futuro. Eso está ocurriendo, por ejemplo, en Villuercas-Ibores-Jara, donde se ha creado toda una identidad alrededor del geoparque. Hay que seguir aprovechando esos recursos para atraer visitantes, generar actividad económica y crear empleo vinculado al turismo, la cultura y el patrimonio.
Ayer se celebraron los Premios Literarios de la Diputación, uno de los grandes referentes culturales de la provincia. ¿Qué representan estos galardones?
Representan muchísimo. Que certámenes como el Premio de Novela Corta o el Premio de Poesía reciban obras de más de treinta países demuestra la dimensión internacional que han alcanzado. Estamos hablando de premios con décadas de historia y con un enorme prestigio dentro del ámbito literario. Eso proyecta el nombre de la provincia de Cáceres y de Extremadura fuera de nuestras fronteras y sitúa a la Diputación como una institución comprometida con la cultura.
Además, estos premios tienen también un valor simbólico muy importante. Vivimos tiempos complicados y la literatura sigue siendo una herramienta para tender puentes, para combatir la intolerancia y para conectar culturas diferentes. De alguna manera, ocurre algo parecido a lo que sucede en la música o en festivales como Womad: la cultura rompe fronteras y crea espacios de encuentro.
Y para terminar, si tuviera que imaginar la provincia de Cáceres dentro de 20 años, ¿cómo le gustaría verla y qué papel debería ocupar la cultura en ese futuro?
Me gustaría imaginar una provincia moderna, con oportunidades laborales y capacidad para generar empleo, pero también con una enorme fortaleza cultural y patrimonial.Creo que Cáceres debe seguir convirtiéndose en un gran destino cultural y turístico, aprovechando espacios únicos como la ciudad monumental, Guadalupe, Monfragüe, el Tajo Internacional, Las Hurdes o Villuercas-Ibores-Jara.
La cultura debe seguir siendo una herramienta de desarrollo económico y también una forma de mantener población en el territorio. Probablemente nunca tendremos grandes industrias con miles de trabajadores, pero sí podemos generar oportunidades vinculadas al patrimonio, a los festivales, al turismo cultural o a los recursos naturales. Por eso las instituciones deben seguir apostando por la cultura: porque genera riqueza, identidad y futuro para nuestros pueblos.

































