Jesús Blasco de Avellaneda El periodismo de verdad debe remover conciencias

Los Premios Avuelapluma han vuelto tras año y medio de ausencia por la situación sanitaria. Pese a todo, tanto el medio como los galardones continúan defendiendo la libertad de expresión y la cultura.

Este año han contado con un palmarés compuesto por Nacho Carretero, Cristina Gallego, Susana Martín Gijón, Bambikina y Cineclub ‘El Gallinero’. 

Hoy toca conocer más a fondo el trabajo del Premio Avuelapluma de Fotografía ‘Juan Guerrero’, que ha ido a parar al fotoperiodista Jesús Blasco de Avellaneda, establecido en la llamada Frontera Sur de Europa. Este autor es especialista en retratar conflictos y defiende los Derechos Humanos con su cámara. 

¿Cuándo y por qué comenzó tu andadura como fotoperiodista?

Pues empecé muy joven. Con 15 ó 16 años ya había publicado en el diario local ‘Melilla Hoy’ y con 17 ó 18 ya había hecho mi primera portada en un medio nacional.

Mi padre desde joven tenía mucho amor por la pintura, la fotografía y el vídeo, y nos inculcó su amor por las artes plásticas y visuales principalmente a los hijos mayores. Mi hermano mayor, Luis Miguel, siempre ha sido un artista en todos los sentidos, y al final desde pequeño tienes esos espejos cercanos en los que mirarte y terminas cayendo en la tentación.

Yo siempre he sido muy creativo y desde muy chico destacaba en las artes y las letras. Me encantaba contar historias y crear cosas, mundos… y al final la propia vida me fue llevando a compaginar la poesía, el relato, la escritura y el contar historias con hacerlo acompañado de la imagen.

Yo no me considero fotógrafo como tal. Para mí las cámaras son una herramienta más para descubrir hechos, personas e historias. Son parte de mi ser como periodista. He trabajado más de redactor, de productor e incluso de videógrafo a lo largo de mi carrera, pero al final las imágenes fotográficas que he ido captando a lo largo de estos años son la que me han proporcionado más premios y más reconocimiento.

Trabajas en la llamada ‘Frontera Sur’ de Europa, una de las zonas más «calientes» y donde más se palpa la desigualdad en el planeta. No sé si puedes resumir, a grandes rasgos, cómo está la situación allí

He tenido la suerte de poder trabajar como periodista y como fotoperiodista en zonas increíbles. He estado en las favelas de Río de Janeiro, en los campos de refugiados del Líbano, en Siria, en Palestina, Grecia, Francia, Turquía, Italia, Israel, Argelia…

Pero es verdad que mi base está en Melilla y la mayor parte de mi trabajo la he desarrollado en la llamada Frontera Sur de Europa, entre Melilla, Ceuta y el norte de Marruecos. Es un lugar mágico y a la vez muy complicado. Es el gran muro del mundo, el gran choque de civilizaciones.

Hay organizaciones internacionales, fuerzas policiales, militares y paramilitares, la última tecnología en seguridad, vallas, cuchillas, zanjas, armas y un gran mar Mediterráneo tan amado, pero a veces tan frío e inhóspito; y todo ello para separar el África negra de la Europa del bienestar.

Todo esto, todas estas colisiones sociales, desigualdades económicas, abusos de poder, violaciones de derechos; toda esta lucha por la supervivencia humana y este gran choque de civilizaciones eclipsan muchas veces todo lo demás.

¿Tras la entradas masivas por Ceuta ha empeorado la situación?

Cuando hay desencuentros entre Europa y Marruecos o entre España y Marruecos siempre se nota a pie de valla.

Marruecos es el perro guardián de Europa, lo sabe y pide una gran contraprestación a cambio. Cuando quiere más pues estira la cuerda o abre las puertas o simplemente baja los brazos. Sabe que tiene mucho poder siendo el vecino preferente del sur de Europa. Pero suelen ser acciones y reacciones puntuales.

Marruecos es el perro guardián de Europa

Después de la problemática surgida en Ceuta la cosa ha vuelto a la normalidad. Una normalidad que pasa porque las fronteras terrestres sigan cerradas y que siga habiendo muchos frentes abiertos sin resolver: transfronterizos, menores no acompañados, incidencia extrema del COVID en la zona…

¿Debe ir, por tanto, el periodismo ligado a los derechos humanos?

El periodismo debe ir ligado a la verdad, debe contar historias en donde las personas sean las protagonistas de esas historias, y debe contarlas con el mayor rigor y la mayor veracidad posible.

El periodismo tiene unas bases sólidas que pasan por ser servicio público, que pasan no sólo por contar problemas sino por intentar ser parte de la solución de los mismos, y que pasan por contar las cosas con el mayor número de fuentes y puntos de vista, pero siempre sabiendo que uno debe ponerse del lado del más débil.

El gran maestro Ryzard Kapucinski ya advirtió que el periodismo de verdad, con mayúsculas, debe ponerse siempre del lado del más débil, debe comprometerse con la historia y con las personas, con las protagonistas de las historias. El que crea que el periodismo debe ser objetivo es un cínico y los cínicos no sirven para este oficio.

El periodismo de verdad no sólo debe informar. También debe educar, formar y, sobre todo, remover conciencias y hacer de este mundo un lugar más humano y hacer de los receptores de la información personas más libres.

Cambiando de tema y centrándonos en la situación de los medios, ¿cómo afecta la precariedad de la profesión a la calidad de la información?

Afecta todo, como en cualquier oficio. El sistema se aprovecha de que es una profesión muy vocacional, de que somos muchos y de que siempre habrá alguien dispuesto a hacer las cosas por menos, aunque se pierda rigor y calidad. Pero estamos en un momento muy crítico y más para el fotoperiodismo. Los medios cada vez demandan muchas menos fotografías a los profesionales y cada vez se paga menos, más tarde y peor. Las principales agencias de comunicación y de fotografía sobreviven por el fútbol y la fotografía deportiva, el resto es residual. La mayor parte de los fotoperiodistas también hacen vídeo y escriben, y muchos lo compaginan con la docencia o incluso con poner copas los fines de semana.

La precariedad está acabando con el periodismo de investigación, con los grandes reportajes de largo recorrido, con el periodismo especializado de profundidad y análisis, y con el fotoperiodismo.

Yo amo mi profesión y amo estar en el lugar de la noticia para ser el primero en contar la historia y en documentarla, pero por encima de eso están mi mujer y mi hija, su estabilidad y su felicidad. Y compaginar todo esto con el momento actual, al menos para un freelance como yo, es cada vez más difícil.

La precariedad está acabando con el periodismo de investigación

Yo hago muchos menos trabajos sociales, de investigación, muchos menos viajes y menos producciones de interés humano y social ahora que antes, y si esto no cambia esa será la tendencia. 

Para terminar, ¿qué supone para ti recibir el Premio Avuelapluma Juan Guerrero de Fotografía?

Es algo increíble. Es un premio que significa mucho para mí. Conozco el semanario cultural y conozco los premios desde la primera edición. Soy amigo de muchos de los ganadores en distintas categorías y siempre he soñado con recibir este galardón.

Es curioso porque en mi carrera he tenido la suerte de ser muy premiado, pero ha sido más por mi defensa de los derechos humanos y de las libertades de expresión y prensa, y siempre soñé que algún día me darían el Premio Avuelapluma en esa categoría. Pero jamás pensé que recibiría el Juan Guerrero de Fotografía.

Para mí fue una sorpresa y más sabiendo la calidad fotográfica que hay en España y el renombre de los compañeros que ya han recibido este premio. Estoy muy agradecido y espero que sirva de aliciente para seguir luchando por el fotoperiodismo.

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