Afganistán. La bruja Circe.
Una mujer repatriada camina a su llegada a la Base Aérea de Torrejón tras bajarse del séptimo avión procedente de Afganistán. Jesús Hellín / Europa Press. Archivo.

La bruja Circe

Vivimos en estos momentos una situación dramática en Afganistán. Miles de personas, miles de mujeres y niñas van a morir o ser violadas, aplastadas, encerradas, privadas, del derecho de cada humano a buscarse la vida, sin capacidad de tomar decisiones. La radicalización de la sociedad es siempre dañina.

El daño que se hace allí se nos hace a todas no olvidemos que esto ha pasado aquí, otra tiranía, otros fascismos, otra religión pero apena hace 80 años en este país las mujeres fueron muertas, encerradas, privadas de sus derechos tras una guerra y aún después de haber destruido a todas las que pegaban de libres según el totalitarismo, las que se tuvieron que adaptar tenían muy limitadas sus acciones, no podían casarse sin permiso de su padre hasta los 23 años, las cascadas no podían sin permiso de su marido hacer que gestiones. Solo una muy contada élite de mujeres llegaba a tener una formación académica, se necesitaba un permiso para trabajar de noche y no podían trabajar en la administración sin una cartillita que decía que eran afectas al régimen o aceptables, es decir, que había hecho sus servicio social.

Una mujer no tenía libertad de divorciarse. Si en su relación era agredida su opción era aguantarse o si era muy lista huir para quedar expuesta a los trabajos más serviles en un lugar lejano sin hijos ni familia o a la prostitución. Si su trabajo era en un casa y el dueño o su hijo, la engañaba o abusaba de ella era expulsada , culpada y abandonada a su suerte.

No entro en el tema de las personas homosexuales o bisexuales que simplemente no existían ante la ley ni la sociedad.

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