El calvario de los hosteleros de La Madrila
Lidia Montpeó

La pasada semana recibimos en una carta manuscrita en el buzón de Avuelapluma de Agustín Nieto, más conocido como Yiyo, y que actualmente se encuentra en la cárcel por el caso de los ruidos de La Madrila. En la misma se relata el día a día en el centro penitenciario.

Para conocer de primera mano cómo está siendo la realidad de los hosteleros y sus familias hemos hablado con Queca Malpartida, madre de otro condenado por el caso de los ruidos de La Madrila. Cabe mencionar que en el caso del hijo de Malpartida, no ha ingresado en prisión porque tiene una discapacidad y está a la espera de la valoración por parte de un forense.

“La espera está siendo muy dura”, explica Queca Malpartida, ya que solamente se encuentran en prisión dos de los condenados y “el resto de madres están destrozadas con esta espera insufrible”.

Aclara además que no están “en contra de los vecinos de la Madrila, ni muchísimo menos”, pero incide en que son conscientes del daño que han hecho, pero el daño que no están haciendo a nosotros… eso nadie lo sabe”.

El perjuicio económico es más que notable

Igualmente, declara “entendemos a los vecinos, pero lo que no vamos a apoyar jamás es a ‘Cacereños contra el ruido’, porque han ido directamente en contra de los locales, estuviera quien estuviera al frente”, prosigue “los locales cambian de dueño. Han tenido que ir en contra de las personas y no de los locales”. De igual modo subraya que “hay hosteleros de La Madrila que se están comiendo lo que no les corresponde porque en los locales hay cambios de dueños”.

También quiso poner de manifiesto que las familias van a acatar la sentencia, y que “lo que queremos es que llegue el tercer grado cuanto antes”.

Además del sufrimiento que ha ocasionado la sentencia, cabe subrayar también el “perjuicio económico” porque “se han tenido que cerrar los negocios, hacer frente a las indemnizaciones y ahora las costas del juicio”

Por último, no van a realizar “más acciones” reivindicativas” pues “ya intentamos recoger firmas para el indulto y no ha sido posible”. Por tanto, “ahora estamos asumiendo lo que nos ha tocado”.

Lágrimas que saben mejor

Todo comenzó sin saber cómo, en el mejor momento y es cuando más dudé todo lo que sucedió. Una vida dedicada a trabajar y disfrutar de tu pasión que se convierte en profesión (ocio, cultura, noche). Te haces profesional centrándote en hacer y ofrecer lo mejor de tu experiencia de todos esos años en la movida.

Y es cuando un grupo de personas, cansados de las molestias sufridas durante décadas, te lleva a sentir que todo se va al traste y tu vida queda en manos de una opinión y de la justicia. Una justicia acompañada de decisiones de una jueza, la cual no te conoce, no conoce de dónde vienes y que no conoce la movida de Cáceres…

Esa jueza decide cambiar tu vida, la de tu familia y seres queridos, llevándose por delante todos los ahorros de una vida, inhabilitándote para desarrollar tu profesión y enviándote a la cárcel.

¡La cárcel!

Un castigo que creo injusto y desproporcionado, por el que no me siento culpable (yo en la cárcel y todo continúa igual).

He luchado, asimilando mi castigo después de muchas lágrimas. He tratado que la gente que me quiere y aprecia, lo aceptara y asimilara como lo he hecho yo. Queda la angustia de lucharlo más allá del juzgado de Cáceres ¿Dónde? No sé yo… Un gobierno que me envía a la cárcel; un lugar, que solo pronunciar, da miedo.

Lágrimas que saben mejor. El calvario de los hosteleros de La Madrila. Agustín Nieto.

Ahora, recuerdo todas las lágrimas que se secaron en el camino de tantos años de ansiedad.

Unas lágrimas que vuelven a humedecerse cuando sabes que no tienes más oportunidades de luchar y defenderte. Lágrimas en la puerta de este lugar maldito, un lugar que desprende miedo, tristeza, dolor, soledad, angustia…

Un lugar que a día de hoy estoy viviendo y sintiendo. Un lugar que está haciendo de mí y mis lágrimas sentir menos dolor, que su sabor sea más dulce de lo esperado: dulce por los valores y humildad que están despertando y gracias a momentos que vives día a día con personas que sienten como yo, que lloran como yo. Todo esto demuestra que estamos vivos y con fuerzas para continuar.

Pero sus lágrimas y las mías aquí dentro saben mejor de lo esperado.

Gracias compañeros.

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