Patrimonio Maltratado: Fuente de Hinche

Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

“Fuente de Hinche” fue una de las fuentes de la ciudad más grande y concurrida, en su triple función de lavandero, abrevadero para animales y suministro de agua para los cántaros de aquellas mujeres que “bajaban” a por el preciado líquido todos los días y cuya imagen ha quedado grabado en viejas fotografías en blanco y negro desde finales del siglo XIX.

“Fuente Hinche” es hoy un vertedero. Encharcada, llena de basura, pintadas, sucia. Hasta un sofá se ha tirado frente a sus caños. Triste espectáculo para quien se acerque a este patrimonio que tenemos al lado del Parque del Príncipe y que forma parte de nuestra memoria como ciudad y como pueblo.

Pintadas y suciedad también acumula “Fuente Fría”, aún cuando todavía se encuentra en uso. Y se libran del abandono “Fuente de Aguas Vivas” y “Fuente Concejo” porque están protegidas por verjas de hierro y “Fuente Barba” por hallarse en un paraje alejado de la ciudad y vivir discretamente entre el follaje. Y “Fuente Rocha o de los Curtidores” languidece como adorno en una esquina.

No es el único patrimonio olvidado y maltratado. Triste es también el espectáculo que ofrece el bello horno de cal llamado “De la Cueva” (cerca de la urbanización de “el Junquillo”), convertido en basurero y depósito de muebles destrozados, hojalatas, colchones inmundos y una maleza que lo invade todo. Aquellos hornos fueron una de nuestras primeras y más importantes industrias, hasta el punto de que dieron nombre a uno de los más antiguos barrios cacereños: “Caleros”; una cal, la de Cáceres, estimada en los documentos antiguos como la mejor de Extremadura. Otros se han perdido, y resiste a la intemperie el de Nuevo Cáceres, aunque cegado.

Las Fuentes y los Hornos de Cal remiten a una arquitectura popular, a un saber ciudadano y a escenas de la vida cotidiana de la gente común. No son los palacios señoriales, pero pertenecen y forman parte de la historia de los cacereños que nos precedieron y que nos legaron esta ciudad. Por desgracia, y ante la desidia de nuestra alcaldesa y de nuestros concejales de gobierno, ninguno de los cuales parece preocuparse, es más que probable que nosotros no podamos dejarles en herencia a los futuros habitantes unas fuentes y hornos sin los cuales esta ciudad no habría sobrevivido. Porque aquellas nos dieron los cántaros de agua, y los otros, el pan.


1 COMENTARIO

  1. me has tocado la fibra…me encantan estas pequeñas ruinas antiguas, soy joven y no sabia lo de los hornos de cal.
    Ya no se puede hacer nada contra los guarros que han maltratado estos paisajes, pero quiza si arreglarlo un poco…me da pena especialmente la fuente de la foto, por la localizacion tan especial que tiene

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