Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Siempre me ha resultado curioso escuchar algunas pías declaraciones de dirigentes de las derechas españolas acusando a Podemos o al PSOE de ansia por el poder o los sillones, como si ellos, almas cándidas e inocentes, se presentaran a las elecciones solo para pasar el rato.

En Andalucía, tras muchos años de ejercicio del poder por parte del partido socialista, en una de sus peores versiones, dicho sea de paso, la más caciquil y clientelar, los señores del Partido Popular ya no caben en sí de gozo ante la perspectiva de alzarse por fin con el triunfo. Y eso que el PP ha tenido el peor resultado electoral de su historia desde 1993 en Andalucía. Tantas ganas tienen de sentarse en San Telmo, que están dispuestos no solo a pactar con Ciudadanos lo que sea (el partido veleta por antonomasia) también, y esto es lo grave, a sentarse a negociar con el partido de extrema derecha, antieuropeísta, racista y homófobo de VOX. En otras palabras: a constituir un trifachito en Andalucía.

En España nos había librado de un partido de extrema derecha hasta el momento

En España nos había librado de un partido de extrema derecha hasta el momento. Tal vez pesaran en la memoria los 40 terribles años de dictadura que ésta nos hizo pasar. Porque VOX es, no lo duden ustedes, la nostalgia del franquismo y del nacionalcatolicismo. En Europa conocen la lacra del populismo de extrema derecha, pero siempre se ha establecido un “cordón sanitario” para impedir que ésta llegase al poder o que pueda condicionar la formación de los gobiernos, con participación de liberales, conservadores, socialistas, comunistas… Cierto que desde hace un par de años ese cordón se resiente poco a poco, pero ahí sigue vigente en los principales países de Europa. Lo sorprendente en nuestro país es que la derecha se esté echando – incluso con entusiasmo – en brazos de la extrema derecha sin la menor inquietud.

Que el gobierno de Susana Díaz era y es un bochorno, sin duda. Pero el trifachito, si la cordura no se impone, tampoco lo duden, será peor, mucho peor. Las primeras medidas exigidas por el partido fundado por Abascal (un señor que siempre ha vivido de la política o la subvención, al calor del PP y, especialmente, de Esperanza Aguirre, que desconoce qué es un trabajo por cuenta ajena o unas oposiciones) aclaran el camino que se inicia: supresión de la Ley que protege a las mujeres contra la violencia y rebaja fiscal a los más ricos. Esos son sus intereses: proteger al poder económico y desproteger a las mujeres.

Quo vadis, PP?

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