Que no digo yo que el Museo Romano de Mérida o el Museo Vostell en Los Barruecos no sean museos tan peculiares y atractivos como los que planteo en esta nueva lista. Lo que pasa es que estos gozan de mucha más popularidad y entran dentro de los circuitos turísticos nacionales y atraen a miles de visitantes cada año; porque merecen una visita, sin duda. Pero este listado comprende una serie de espacios más o menos desconocidos para el viajero que se adentre en tierras de Extremadura (incluso para más de un extremeño). Una lista que compendia un maridaje entre gastronomía, arte, historia, patrimonio y arquitectura, sin olvidar la parte lúdica. 

Un campo de concentración en Castuera

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La visita a un museo no tiene por qué reducirse a contemplar arte, también puedes, por ejemplo, aumentar un poco los conocimientos sobre la Guerra Civil y la posguerra españolas. La necesidad humana de conocer el pasado puede llevarte al cementerio y campo de prisioneros de Castuera. Arqueología al alcance de todos, porque las excavaciones que se han realizado en este espacio han estado abiertas al público. Historia y patrimonio se dan la mano en este campo de concentración de prisioneros de Castuera, declarado por la Junta de Extremadura como Bien de Interés Cultural. Construido en marzo de 1939, por allí pasaron entre 15.000 y 20.000 prisioneros del bando republicano y alberga gigantescas fosas comunes.

Se encuentra dentro de la finca privada La Verilleja y su estructura está intacta: calles empedradas y barracones, plaza y peana de cemento para sostener la cruz, lavaderos, escombrera e incluso trincheras para máquinas ametralladoras.

De vuelta a la Inquisición

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Ya he resaltado en este blog varias veces las bondades de Garganta la Olla, un pueblo ligado a la leyenda de la Serrana de La Vera y donde las casas de arquitectura popular roban el protagonismo al maravilloso paisaje serrano que le rodea. Una de esas casas alberga una cocina tradicional verata, con los enseres típicos de la “matanza”. Pero si nos adentramos aun más en el inmueble, recalarás en un calabozo donde se retenía a las personas de origen judío para después pasar a interrogarlas (léase, torturarlas). Después, subes a la segunda planta y alcanzas un balcón donde se colgaba al preso. Justo al lado se encuentra la sala de tortura con utensilios y máquinas que despiertan la curiosidad y el morbo de cualquiera.

Por esta casa-museo puedes fisgonear libremente y sentarte en la silla del inquisidor. Contemplar el (im)popular potro de tortura, donde se ataba al reo de pies y manos y se le estiraban sus extremidades; el ataúd, desde el cual el reo no podía ver al confesor; cadenas de hierro, látigos, clavos… Nada que no hayamos visto en un buen número de películas, solo que aquí puedes tocar.

El orgullo de los casareños

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Si tu pasión es el queso (y aguantas el particular aroma de la Torta del Casar) este es un museo que merece la pena. Allí podrás desentrañar la historia y el proceso de elaboración del orgullo de los casareños: La Torta del Casar. Un producto único, que cada año aumenta más las exportaciones. En el museo (ubicado en una antigua casa casareña) hay una sala donde te puedes convertir en pastor en un tris, con una morrala, unas cuernas, una manta de pastor, un hierro de marcar y hasta un gancho para coger a las ovejas.

Es en el leñero de la casa donde podrás comprobar in situ una demostración de cómo se elabora este queso de fama mundial, y podrás catarlo, claro.

¡Viva el vino!

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Está ubicado en un recinto muy apropiado: una antigua alcoholera. En el Museo de las Ciencias del Vino de Almendralejo podrás catar este preciado líquido, porque a veces se hacen maridajes entre vinos y otros productos. Aunque, principalmente, es un museo didáctico, donde trabajarás todos tus sentidos. De aquí saldrás oliendo a alcohol, pero conociendo la historia de la producción del vino en Extremadura, a través de su cuidada elaboración, incluyendo prensas, barricas y embotelladoras…

Una buena manera de iniciar una ruta por Extremadura y empaparte de los detalles enológicos que bañan esta comunidad.

Una clase de historia sobre ruedas

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Abandonamos un rato la gastronomía extremeña, para subir al valle del Ambroz y regresar de nuevo (siempre es un placer) a Hervás. Aquí se ubica el Museo de la Moto Clásica de Hervás, que es la obra personal de su fundador Juan Gil Moreno. A lo largo de los años, Gil Moreno ha conseguido ir reuniendo hasta 200 motos clásicas, cuyas fechas de fabricación se remontan (en algunos casos) a hace más de un siglo. Algunos aficionados lo consideran el mejor de Europa en su género y contiene todo aquello relacionado con la locomoción: motos, coches, carruajes de época, triciclos, cochecitos de muñecas…Vamos, como una clase de historia del siglo XX sobre ruedas.

El edificio donde se ubica ya de por sí es muy original y se encuentra en la zona más alta del pueblo (en la carretera de La Garganta; hay mirador y terraza para divisar escenas espectaculares de la sierra y el valle). Al museo no le falta de ná, porque además de motos, también hay zona dedicada a la cría de avestruces, cisnes, faisanes… por si te aburres de ver motos.

Claustrofobia en El Palancar: la austeridad como estilo de vida

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Es el convento más pequeño de la cristiandad y data del siglo XVI. A la casa de El Palancar (ahora convertida en casa-museo) fue donde se retiró Fray Pedro de Alcántara, con 58 años, en plena Sierra de Pedroso de Acim. Un espacio que habla por sí solo de la concepción puramente espiritual y alejada de lo material (una corriente que la opulenta Iglesia no ha abrazado nunca) que planteaba Fray Pedro.

El Palancar es la antítesis del Vaticano, lo más alejado a la riqueza y desmesura de la que suele alardear el cristianismo.

La arquitectura aquí no es que sea minimalista, es que es reduccionista. La celda de Fray Pedro ocupa el hueco de la escalera y es tan pequeña que no podía ponerse de pie, ni tumbarse del todo. No había cama, solo una piedra donde se sentaba a dormir las pocas horas que lo hacía. Fray Pedro hacía suyo el refrán de “quien tiene cama y duerme en el suelo, no hay que tenerle duelo”.

Después de sufrir el agobio de pasear por una casa donde las paredes parece que se estrechan a cada paso, siempre puedes salir a bombear los pulmones en el idílico jardín que rodea el convento. El paisaje ayuda a la contemplación e invita a la reflexión.

El rey de la apicultura

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Viajar a Las Hurdes es indispensable para sumergirte en la hagiografía extremeña, pero ese viaje también lo puedes hacer de la mano del popular Tío Picho; el rey de la apicultura hurdana, cuyos productos también se venden por todo el mundo, y autor del inefable ‘Pichín Real’.

El Tío Picho tiene un museo en Las Mestas  donde comprobar (y probar) todo tipo de productos hechos a base de jalea real: miel, chocolate y el famoso “Pichín Real”, un brebaje único en el mundo que te dará fuerzas para recorrer la comarca y no atascarte en ningún meandro.

Un museo en una antigua almazara medieval

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La Sierra de Gata es un destino puntero dentro del circuito del turismo rural, gracias a sus municipios aislados de lo urbano, donde parece que se ha detenido el tiempo. Pero aquí también hay recursos turísticos, más allá de los naturales. En Robledillo de Gata se encuentra el Museo del Aceite “Molino del Medio”, situado junto al río en una antigua almazara medieval. La ubicación es impresionante, así que el museo bien merece una visitilla. Mediante carteles explicativos, dibujos y algunas maquetas a escala podemos ir desgranando el proceso de fabricación de un producto Denominación de Origen, que resulta imprescindible para conocer los secretos de la cocina extremeña.

El museo puede visitarse por cuenta propia o mediante visita guiada por el dueño. Al salir, por supuesto, hay una tienda donde adquirir productos típicos y el popular aceite de oliva de la D.O. Gata-Hurdes. Un aceite que escucharás mucho en 2015 cuando Cáceres tome el testigo de Capital Gastronómica de España.

Pasea por el subsuelo de una iglesia

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Son muchos los museos eclesiásticos que jalonan las tierras extremeñas. Y son muchos los que merecen la pena (como el museo catedralicio de Plasencia). Pero uno de los más curioso se encuentra en la excavación Arqueológica y Centro de Interpretación de la Iglesia de Santa Eulalia, en Mérida, podrás pasear por el subsuelo de dicha iglesia. Un recorrido por el tiempo, donde pueden contemplarse casas romanas, necrópolis del siglo IV, la basílica de la mártir Eulalia (siglos V al IX) y, por supuesto, la iglesia actual (que data de 1230).

Un museo en una cárcel

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El Museo de la Cárcel de Coria se ubica, efectivamente, en una antigua cárcel real que se empezó a construir a finales del siglo XVII (en 1686) sobre otra antiguo inmueble que también sirvió de prisión. Una cárcel sobre una cárcel. Es decir, una cárcel al cuadrado, pues. Un edificio, en cualquier caso, que es un referente histórico en esta pequeña ciudad cacereña, porque las celdas de esta prisión (a modo de colmena) almacenan la esencia de los principales momentos históricos del municipio cauriense, desde la prehistoria, hasta su pasado medieval.

Balenciaga y Dior en Trujillo

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Un museo trujillano en el que descansan vestidos de alta costura de modistos como Balenciaga y Dior. Esto es posible gracias a que el sastre trujillano, Enrique Elías, ha cedido el contenido al consistorio. En este museo se pueden ver algunos trajes de época. Los más antiguos son de finales del siglo XVIII, restaurados con mimo por el propio Elías. Trajes que han portado folclóricas venidas a menos, como la Pantoja o la desaparecida Rocío Jurado. El museo también exhibe el traje de la boda de la reina de Bulgaria, uno de Imelda Marcos (la loca que colecciona zapatos por miles), así como de la recientemente fallecida Duquesa de Alba y de la Condesa de Romanones.


2 COMENTARIOS

  1. Buenos dias¡¡¡¡¡¡¡ habeis estado en Hervás y no os habeis dado un paseo por la juderia….justo al lado de la calle más estrecha de España , se encuentra otro pequeño museo del hierro …MARTILLAZOS….cuando volvais por casualidad o nó no podeis dejar de visitar el taller y museo más pequeño del mundo dedicado a la forja ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ un placer para los sentidos ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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