Cataluña ha copado el espacio mediático de los últimos meses y tendrá una proyección omnímoda hasta las elecciones de diciembre, pero permítannos hablar en estas líneas de algo que nos atañe directamente a los extremeños: la deplorable situación del tren en esta región que se arrastra desde tiempos inmemoriales. Los responsables son nuestros políticos, de uno y otro color, que no han sabido levantar la voz con suficiente firmeza para denunciar las tropelías a los que hemos sido sometidos durante décadas mientras el resto de España comprobaba cómo sus comunicaciones iban vertebrando su territorio. Y hasta aquí hemos llegado. A punto de entrar en el 2018, Extremadura tiene la línea de ferrocarril más antigua del país con el 15% de traviesas del siglo XIX. No tenemos ni un solo km electrificado y, por supuesto, somos la única región que carece de larga distancia. Si ustedes cogen un tren en Badajoz para ir a Madrid, ármense de paciencia, porque tardarán la friolera de casi 5 horas 30 minutos. Es comprensible, teniendo en cuenta que irán a una media de 86 km/hora.

Los trenes extremeños sufren una avería cada 11 horas, esto es, un par de ellas al día. No es de extrañar los cientos de comentarios contra RENFE que hemos visto en redes sociales y medios de comunicación. Nuestros políticos —dejando a un lado el debate sobre el oportunismo ideológico— se han unido a una reclamación justa y contundente. Extremadura no puede llegar al futuro si no tiene cómo hacerlo. La plataforma ‘Milana Bonita’, recreando los tiempos oscuros de esta región, ha colaborado en visibilizar el problema con sátira e ironía.

El próximo sábado una nutrida representación de políticos y agentes sociales extremeños acudirán a la capital de España a defender nuestro derecho al progreso. En un mundo global y conectado es imposible que Extremadura alcance cotas de desarrollo más altas si tiene una red ferroviaria que pertenece al siglo pasado. Los extremeños vivimos bien, pero protestamos mal. Y ya saben ustedes que las regiones más prósperas son aquellas que han sabido exprimir la teta. Nosotros no lo hemos hecho nunca y llegó la hora de que sepamos levantar la voz, la de todos, para exigir que las obligaciones vienen acompañadas de derechos, y que necesitamos un transporte como el de cualquier región de España. Si somos iguales, que lo demuestren.

Nos jugamos que los jóvenes extremeños no se vayan de su tierra en busca de oportunidades; nos jugamos que el visitante pueda acercarse a Extremadura sin necesidad de disponer de un puente; nos jugamos que la economía tenga en la red ferroviaria un aliado y no un enemigo.


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