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Eduardo Villanueva

Debe ser jodido vivir en un país donde los de tu raza fueron esclavizados durante años y mucho tiempo después de aquella subyugación (y de las conquistas sociales) la policía (la encargada de velar por tu seguridad) desconfíe de ti por el simple hecho de ser negro.

Debe ser jodido que te expongas a que primero te disparen y luego pregunten. Pero así es EE UU, un país donde un viejales rubio (y xenófobo), al que se le ven las costuras, opta a ser el candidato republicano a la presidencia. Un país que se vanagloria de sus libertades, pero donde los caucásicos siguen esgrimiendo, silenciosa pero efectivamente, su supremacía blanca.

Un país en el que todo cristo es emigrante, excepto el indio americano al que masacraron y sometieron a un genocidio sostenido y al que despojaron de (casi) todas sus tierras a lo largo de los siglos.

La fundación de la civilización estadounidense se ha visto manchada por el robo, el asesinato y el genocidio. EE UU es un país tradicionalmente racista e irritantemente etnocentrista. Y no me refiero a la gente que puebla sus tierras, sino sobre todo a sus gobernantes; por mucho que Obama haya llegado a la Casa Blanca.

Tarantino ofrece su particular visión de los hechos en cintas como ‘Django Unchained’ o la última, esa especie de versión gore de ’10 negritos’ de Agatha Christie. Si tienes paciencia para aguantar su insufrible primera hora (nunca una diligencia tardó tanto en llegar a su destino), podrás disfrutar del mejor Tarantino (siempre excesivo, eso claro) en ‘The Hateful Eight (Los odiosos ocho)’.

El miedo del blanco americano a una raza diferente es casi ancestral, y en concreto a la raza negra. Esos mismos negros (afroamericanos es la palabra políticamente correcta) que ellos trajeron desde África para que trabajaran sus tierras gratuitamente (en una versión ‘hardcore’ de las reformas laborales de ZP y Mariano).

Viene todo este preludio a cuenta de la presunta irritación que ha causado entre la derecha mediática la actuación de Beyoncé en el descanso de esa aparatosa celebración del mercantilismo yankee que es la SuperBowl. Donde la artista negra estrenó su nuevo tema ‘Formation’, con un elenco de bailarinas enfundadas en un vestuario muy parecido al de los Panteras Negras, y con un mensaje muy claro (como se puede ver en el videoclip): “Stop shooting us (Dejen de dispararnos)”, en una clara alusión a la violencia policial que sufren algunos ciudadanos estadounidenses por el mero hecho de ser negros.

Beyoncé tuvo la poca vergüenza de alzar su voz negra en medio de un show creado por blancos. Y pronto surgieron las críticas de la derecha americana, asegurando que “esto no es Hollywood, es football”, según el exalcalde de NYC, Rudy Giuliani, que es como la Esperanza Aguirre norteamericana: nunca se va del todo.

¿Les suena? Son los mismos bustos parlantes que aquí esgrimen el manido argumento de que los Goya no son un lugar para hacer política. Como si uno, sea actor, maquillador o electricista no pudiera elaborar un mensaje con tintes políticos donde le dé la gana y cuándo le dé la gana.


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